martes, 15 de noviembre de 2011

De mayor quiero ser soldado.


Por Nieves González Pérez

De mayor quiero soldado narra la historia de un niño entre los 8 y los 10 años y de como la televisión influye muy negativamente en su vida. El propósito de este video parece ser tratar educar a los jóvenes a través de un medio muy accesible a ellos como es el cine, aunque a decir verdad esta película se aleja mucho de mi idea de cine y calculo también que de la de la mayoría de los adolescentes. 
La película, carece de cualquier calidad cinematográfica, la fotografía no está mal pero el resto de elementos son totalmente un desastre: ritmo repetitivo, pésima actuación de los actores, etc. El director Christian Molina (“Diario de una ninfómana”) justifica esto diciendo que era necesario sacrificar la calidad cinematográfica por la calidad educativa pero ¿está esta conseguida?


Analizando el argumento tanto un niño como un adolescente captan en pocos minutos el mensaje que se quiere transmitir: la televisión es mala no, malísima (pone un especial énfasis en la televisión como si fuera el único medio audiovisual al que los jóvenes acceden a diario, dejando totalmente de lado otros como puede ser Internet).  El protagonista es un joven que sueña con ser astronauta y quiere una televisión, sólo la consigue cuando sus padres tienen gemelos y lo dejan totalmente marginado, se la compran para que calle, en un principio le ponen un límite de hora y media al día que, como lo tienen abandonado, se salta fácilmente. Ve a diario la tele en la que sólo apareces crueles imágenes de guerra (sólo) y cambia su sueño de ser astronauta por el de ser soldado, empapela la pared de su habitación de posters de guerra y banderas nazis (lo cual su padre ve como una manera más de decorar un cuarto), se rapa el pelo y se vuelve el más malo del colegio. Su amigo imaginario, pasa de ser un afamado astronauta a ser un soldado malísimo. Los padres le quitan la tele a mitad de la película porque se lo recomienda el psicólogo, (que no es nada menos que Robert Englundosea: Freddy Krueger), vuelve a ser astronauta, pero no tarda en descubrir que su padre tiene una amante y a través del chantaje vuelve a conseguir la tele: otra vez soldado. Finalmente, viendo los problemas que estaba causando en la familia, decide ser bueno y astronauta otra vez
Ya sólo leyendo el argumento se observa lo repetitiva y simple que es la estructura de esta película, terriblemente aburrida para cualquier espectador ya que vuelve y vuelve constantemente al mismo tema “Cuando sea soldado voy a matar”, “Cuando sea soldado no voy a comer verduras”, “Cuando sea soldado…” La historia parece acabarse cuando le quitan por primera vez la tele, pero a los cinco minutos de película vuelven a darle otra y la misma estructura se vuelve a repetir, no hay quien se lo trague, pero… tiene que ser así para transmitir valores educativos (¿?): machacante, con el mismo discurso unívoco y alarmista que no deja al joven posibilidad de interpretación. Sin embargo no creo que ni de este modo consiga su fin “educativo” ya que parte de que los adolescentes son estúpidos y al ver esta película, que poco tiene que ver con la realidad, van a ser conscientes del problema que tiene el abuso de la televisión. Los niños hoy en día, la gran mayoría, ven a diario la televisión y saben que no solamente hay imágenes de  guerra si no que realmente, estas ocupan un pequeño porcentaje en la programación televisiva (en mi opinión, creo que es más probable que un niño hoy en día, por influencia de la tele, sueñe con ser Belen Esteban que con ser soldado). También es ilógico que tu padre te ayude a decorar una habitación con esvásticas por doquier, que en una familia aparentemente normal, que en un principio se preocupaba por la educación de su hijo (en un principio no le dejaban ver la tele porque era antieducativa) te dejen totalmente abandonado cuando nace tu hermano, tampoco un padre te deja el móvil cuando tiene una amante que lollama constantemente, etc. Toda la película gira en torno a temas, que tratados de una manera menos alarmista podrían parecernos reales pero que, de esto modo, se convierten en una parodia exagerada de la realidad que no tiene otro objetivo que influenciar “positivamente” mediante el machaque del mismo discurso adoctrinarlo.


No creo para nada que el cine deba educar así, adoctrinando sistemáticamente, machacando y machando con la misma idea hasta que el joven no pueda ya pensar por si mismo. El cine es muy apto parautilizarse como recurso educativo, la mayoría de las películas infantiles de hoy en día transmiten sutilmente valores como la amistad, el afán de superación, la igualdad, etc. de un modo sutil y entretenido, ya que esto último, la capacidad para entretener, es la que hace al cine tan útil como complemento educativo, cuando el cine pierde esta capacidad, como es el caso de está película y además trata de adoctrinar en valores por la fuerza, el cine educativo se convierte, a mi modo de entender las cosas, en un auténtico fracaso, además de un espectáculo audiovisual horrible.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Las posibilidades del cine


Cine y educación
Lo que se está haciendo: emplear el cine como fórmula de reflexión… Múltiples opciones en sintonía con las preocupaciones sociales de cada momento.  Actividades profesionales en el territorio “ocupacional” (Centros culturales, Cajas de Ahorros, Colegios e Institutos, etc.)
Problema: distinguir entre el cine de entretenimiento y el cine de entretenimiento y reflexión
Peligro: convertirlo en medio de adoctrinamiento. (“Educación en valores”)
Peligro: convertirlo en un factor más de entretenimiento
Peligro: convertirlo en instrumento de refuerzo de conductas inconvenientes o contradictorias con los objetivos educativos: agresividad, conducta antisocial, etc.
Peligro: convertirlo en recurso al servicio de la industria cinematográfica española.

Precauciones.

Atención a los alumnos con problemas de personalidad, integración social y desarrollo
Atención a las referencias proyectivas que ofrece cada película (sublimación, proximidad, estrategias del ego, evolución psicológica, etc.)

Del cine de entretenimiento al cine "de calidad" 
- Dos opciones: “crear cine” o “contemplar cine”
- Dejando a un lado el cine “de entretenimiento”, emplearlo como referencia artístico-estética por sus cualidades específicas: imagen, sonido (música), guión (componente literario), ritmo (capacidad de mantener interesado al espectador), interpretación, etc. Desarrollo de la capacidad analítica y de la conformación de actitudes críticas o autocríticas de síntesis (argumentación, etc.)

Ficha para "valorar" una película


Nivel elemental. Entretiene o no (ritmo narrativo
Argumento. ¿Qué reflexión propone la película?.  Buenos y malos. Posibilidad de debate
Diferencia entre “historia” (guión) y “argumento” (lo que se argumenta)
Fotografía. Valoración relativa.
Calidad del guión. Mismos criterios que con cualquier tipo de narrativa.
Interpretación. Versión original. Necesidad de verla doblada para poder juzgar los parámetros anteriores.
Montaje, ambientación, efectos especiales, etc.
Elementos específicos de la película.
Es previsible la tendencia a debatir sobre la “historia”  y, tal vez, sobre el argumento.

Lo que se puede hacer

- Preferible emplear sólo películas de calidad elevada.
- Utilizar el cine para potenciar capacidades de todo tipo.
- Emplearlo como instrumento del fundamento del equilibrio social: armonizar las apetencias personales (gustos) con el de los demás y con el “juicio de síntesis social” (juicio objetivo). Trabajo en equipo.
- Emplearlo como elemento de compensación a los problemas inducidos por el ambiente cultural (“homo videns” de Sartori): comprensión verbal, animar a la lectura, etc.
- Emplearlo como referencia para describir los mecanismos de manipulación social (Tele5) asociados al entretenimiento pasivo: el morbo, la violencia, el sexo
- Emplearlo como un factor de activación del esfuerzo. Romper la pasividad que implica contemplar una película cuando la empleamos para entretenernos.
- Promocionar el goce activo que nos sitúa en un “nivel” con mayores posibilidades para disfrutar
- Aprovechando sus posibilidades informativas (junto con los documentales), emplearlo como instrumento de formación transversal: idiomas, historia, historia del arte,  literatura, teatro, ciencias naturales, filosofía, etc.
- Grandes posibilidades de innovación pedagógica, tanto en la vertiente de contemplación como en la de creación.

Sintetizando…
Se podría (¿debería?) emplear el cine para generar referencias (paradigmas) que colaboren en el proceso educativo, no para descansar un día o para ganar popularidad entre los alumnos… 

viernes, 11 de noviembre de 2011

THE MOTORCYCLE BOY REIGNS


Por Alba Ceide


En 1983 Francis Ford Coppola estrenó Rumble Fish (traducida en España como La Ley de la Calle). La creó a partir de la novela homónima de Susan E. Hinton, quien escribió el guión para el film junto al cineasta. Matt Dillon y Mickey Rourke dan vida a los hermanos que protagonizan la cinta.

Hay películas a las que les afecta especialmente el paso del tiempo. Cintas que envejecen mal. Bien por su trama o por su realización. Las vemos con un distanciamiento en el que sólo encontramos lugar para el entretenimiento y la crítica distanciándonos de los problemas que asolaban a sus personajes. Pero otras, adquieren un carácter atemporal. Rumble Fish (La ley de la Calle) es una de esas cintas que mantiene un aroma fresco e inalterable al paso de los años. Trata la adolescencia con respeto y sumo cuidado, describiendo la importancia que para los personajes tienen los valores que ensalzan. El poder que percibe la juventud sobrevuela el film en todo momento dibujando una realidad que jamás ha dejado de existir.
La adolescencia es a menudo tratada con sorna por aquellos que ya han ascendido a escalones más altos. Asimilada como una mera transición de “necedad” y “desobediencia” en la que ir contra las normas parece ser la única premisa. La adolescencia suele tener mala prensa incluso por aquellos que recientemente la han pasado considerando los años púberes como tiempos de jarana e insensatez. Pero en ese ciclo ocurre algo único y delicado. Un individuo que hasta el momento recibía una serie de valores comienza a plantearse si esos conceptos son los únicos que existen. Comienza a desconfiar, no por ir contra las normas, si no para construir su propia identidad. Absorbe lo que hay a su alrededor y lo filtra como mejor le parece, de acuerdo a una moralidad en plena construcción. Es general que en esta etapa no haya una amplia escala de grises. Más bien, todo se reduce al blanco y al negro. Apenas hay tonalidades. Apenas hay espacio para una reflexión contrastada por que las ideologías, mitos, leyendas y referentes se aglutinan componiendo un puzzle involuntario e inestable caracterizado por la incoherencia y la falta de “sensatez”.  Así que las cavilaciones, críticas y reflexiones suelen estar también plagadas de datos inconexos y valores opuestos que son tan criticados desde fuera pero que…en la cabeza de uno suenan tan bien…
Rusty James (Matt Dillon) se encuentra en ese momento en el que debe de dejar atrás la infancia para escalar a la edad adulta. En él confluyen tres aspectos que suelen caracterizar a la adolescencia: la fábula personal, la fábula de la invencibilidad y en cierta medida, la audiencia imaginaria. Rusty está llamado a grandes proezas, como su hermano, a liderar las pandillas (es su fábula personal). No siente el peligro, no vacila y se siente poderoso, no hay más que ver la “gloriosa batalla por el reino” del primer acto (la fábula de la invencibilidad). Hay algo que hace que se vea a si mismo como un líder, como lo fue su hermano, alguien importante a quien los demás deben de seguir (audiencia imaginaria).
Desde luego cumple otros requisitos como un cierto analfabetismo emocional al no poder situarse en el lugar del otro (no quiero destripar la película para aquellos que no la hayan visto, pero tras algunos momentos delicados de su relación con Patty se aprecia esta cuestión). Pero el rasgo en el que Coppola hace mayor presión es en su referente, El Chico de la Moto.  Su hermano mayor. El punctum de la película.


Es frecuente que el adolescente encuentre un referente cuya personalidad le embriague cincelándola en su mente como la estela que debe de seguir. Y siempre... “el chico de la moto es el rey”.
El Chico de la Moto (Mickey Rourke) es una leyenda en la ciudad. Él lideró las pandillas, hizo… he aquí lo magistral de Coppola: realmente no sabemos lo que hizo. Sabemos que fue alguien importante, no sólo para Rusty, si no para la mayoría de los chicos de la ciudad en la que se ambienta la película. Imaginamos que era “el rey” en aquellas “batallas por el reino” de las que Rusty a veces habla. Imaginamos que dirigía las bandas con seguridad, firmeza y frialdad. Idealizamos… como Rusty idealiza a su hermano.
Francis Ford Coppola no hace excesivas reseñas sobre el pasado del Chico de la Moto pero lo expresa todo. Él, y probablemente la mejor interpretación de Mickey Rourke. Somos capaces de imaginar aquellas bandas de jóvenes que reñían por el liderazgo de las calles. Que tenían sus zonas y códigos de honor disputadas en brutales palizas callejeras. Evitando a la autoridad, cuestionando sus normas en cada instante. No confiando más que en uno mismo y, sobre todo en el “rey”. A veces pienso que sería fantástica una historia sobre el pasado del Chico de la Moto, pero hay dos enormes problemas: Mickey Rourke no anda ya para esos trotes y lo más importante, dejaríamos que el misterio y la fascinación que envuelven al Chico de la Moto se desvanecieran.


Como espectadores, la información que recibimos del Chico de la Moto (de quien ni siquiera conocemos el nombre) nos permite situarnos en la mente del personaje de Matt Dillon. Podemos idealizar el pasado de su hermano mayor como él se lo imagina. Lo conseguimos por medio de conversaciones que se quedan a medias, pintadas en las paredes y la fascinación que las leyendas de calle fabrican sobre él.
Rusty desea vivir en una realidad que ni siquiera le pertenece. Trata de seguir los pasos de su hermano y desea asemejarse a él. Habla constantemente de los viejos tiempos, de cuando las pandillas estaban organizadas, “en esa época una pandilla tenía sentido de verdad”. Smokey (Nicolas Cage), uno de sus amigos,  trata de razonar con él: “Las peleas no estaban de moda cuando tu tenías 10 años”. Pero Rusty ni siquiera es consciente: “Y una mierda. Yo tenía 11 tacos, me acuerdo muy bien”. Añora aquellos tiempos (la adolescencia de su hermano) y trata de dirigir a sus amigos hacia aquella época. Trata de recrearla y formar una pandilla como las de antes. O como él imagina que eran.
Lo que sabemos de El Chico de la Moto es que era un líder que se había convertido en héroe y que un buen día cogió su moto y tomó la carretera hacia California para emprender un viaje que lo transformó en un adulto. Volvió convertido en una leyenda viva.  Parecía un rey en el exilio. Seguía encontrando los fantasmas del pasado, como el policía Patterson, quien se negaba a ver la maduración que había sufrido: “le odio tanto por que los chicos como tu creéis que es algo que no es”, le dice a Rusty, “no es un héroe”. Rusty cree ciegamente en su hermano. Quiere ser como él. Cree que será como él.
La lealtad es su único vicio”
La cinta describe la necesidad de huir de una ciudad que como una pecera no permite ver más allá de los reflejos del pasado. Rusty todavía no es consciente, pero se encuentra atrapado entre los barrotes de una urbe sombría, sin matices, que le seduce con los mismos problemas de siempre. El Chico de la Moto lo sabe, quizá por eso se marchó. Y quizá para lo que volvió es para que su hermano pequeño pueda llegar a ver… el océano.