viernes, 11 de noviembre de 2011

THE MOTORCYCLE BOY REIGNS


Por Alba Ceide


En 1983 Francis Ford Coppola estrenó Rumble Fish (traducida en España como La Ley de la Calle). La creó a partir de la novela homónima de Susan E. Hinton, quien escribió el guión para el film junto al cineasta. Matt Dillon y Mickey Rourke dan vida a los hermanos que protagonizan la cinta.

Hay películas a las que les afecta especialmente el paso del tiempo. Cintas que envejecen mal. Bien por su trama o por su realización. Las vemos con un distanciamiento en el que sólo encontramos lugar para el entretenimiento y la crítica distanciándonos de los problemas que asolaban a sus personajes. Pero otras, adquieren un carácter atemporal. Rumble Fish (La ley de la Calle) es una de esas cintas que mantiene un aroma fresco e inalterable al paso de los años. Trata la adolescencia con respeto y sumo cuidado, describiendo la importancia que para los personajes tienen los valores que ensalzan. El poder que percibe la juventud sobrevuela el film en todo momento dibujando una realidad que jamás ha dejado de existir.
La adolescencia es a menudo tratada con sorna por aquellos que ya han ascendido a escalones más altos. Asimilada como una mera transición de “necedad” y “desobediencia” en la que ir contra las normas parece ser la única premisa. La adolescencia suele tener mala prensa incluso por aquellos que recientemente la han pasado considerando los años púberes como tiempos de jarana e insensatez. Pero en ese ciclo ocurre algo único y delicado. Un individuo que hasta el momento recibía una serie de valores comienza a plantearse si esos conceptos son los únicos que existen. Comienza a desconfiar, no por ir contra las normas, si no para construir su propia identidad. Absorbe lo que hay a su alrededor y lo filtra como mejor le parece, de acuerdo a una moralidad en plena construcción. Es general que en esta etapa no haya una amplia escala de grises. Más bien, todo se reduce al blanco y al negro. Apenas hay tonalidades. Apenas hay espacio para una reflexión contrastada por que las ideologías, mitos, leyendas y referentes se aglutinan componiendo un puzzle involuntario e inestable caracterizado por la incoherencia y la falta de “sensatez”.  Así que las cavilaciones, críticas y reflexiones suelen estar también plagadas de datos inconexos y valores opuestos que son tan criticados desde fuera pero que…en la cabeza de uno suenan tan bien…
Rusty James (Matt Dillon) se encuentra en ese momento en el que debe de dejar atrás la infancia para escalar a la edad adulta. En él confluyen tres aspectos que suelen caracterizar a la adolescencia: la fábula personal, la fábula de la invencibilidad y en cierta medida, la audiencia imaginaria. Rusty está llamado a grandes proezas, como su hermano, a liderar las pandillas (es su fábula personal). No siente el peligro, no vacila y se siente poderoso, no hay más que ver la “gloriosa batalla por el reino” del primer acto (la fábula de la invencibilidad). Hay algo que hace que se vea a si mismo como un líder, como lo fue su hermano, alguien importante a quien los demás deben de seguir (audiencia imaginaria).
Desde luego cumple otros requisitos como un cierto analfabetismo emocional al no poder situarse en el lugar del otro (no quiero destripar la película para aquellos que no la hayan visto, pero tras algunos momentos delicados de su relación con Patty se aprecia esta cuestión). Pero el rasgo en el que Coppola hace mayor presión es en su referente, El Chico de la Moto.  Su hermano mayor. El punctum de la película.


Es frecuente que el adolescente encuentre un referente cuya personalidad le embriague cincelándola en su mente como la estela que debe de seguir. Y siempre... “el chico de la moto es el rey”.
El Chico de la Moto (Mickey Rourke) es una leyenda en la ciudad. Él lideró las pandillas, hizo… he aquí lo magistral de Coppola: realmente no sabemos lo que hizo. Sabemos que fue alguien importante, no sólo para Rusty, si no para la mayoría de los chicos de la ciudad en la que se ambienta la película. Imaginamos que era “el rey” en aquellas “batallas por el reino” de las que Rusty a veces habla. Imaginamos que dirigía las bandas con seguridad, firmeza y frialdad. Idealizamos… como Rusty idealiza a su hermano.
Francis Ford Coppola no hace excesivas reseñas sobre el pasado del Chico de la Moto pero lo expresa todo. Él, y probablemente la mejor interpretación de Mickey Rourke. Somos capaces de imaginar aquellas bandas de jóvenes que reñían por el liderazgo de las calles. Que tenían sus zonas y códigos de honor disputadas en brutales palizas callejeras. Evitando a la autoridad, cuestionando sus normas en cada instante. No confiando más que en uno mismo y, sobre todo en el “rey”. A veces pienso que sería fantástica una historia sobre el pasado del Chico de la Moto, pero hay dos enormes problemas: Mickey Rourke no anda ya para esos trotes y lo más importante, dejaríamos que el misterio y la fascinación que envuelven al Chico de la Moto se desvanecieran.


Como espectadores, la información que recibimos del Chico de la Moto (de quien ni siquiera conocemos el nombre) nos permite situarnos en la mente del personaje de Matt Dillon. Podemos idealizar el pasado de su hermano mayor como él se lo imagina. Lo conseguimos por medio de conversaciones que se quedan a medias, pintadas en las paredes y la fascinación que las leyendas de calle fabrican sobre él.
Rusty desea vivir en una realidad que ni siquiera le pertenece. Trata de seguir los pasos de su hermano y desea asemejarse a él. Habla constantemente de los viejos tiempos, de cuando las pandillas estaban organizadas, “en esa época una pandilla tenía sentido de verdad”. Smokey (Nicolas Cage), uno de sus amigos,  trata de razonar con él: “Las peleas no estaban de moda cuando tu tenías 10 años”. Pero Rusty ni siquiera es consciente: “Y una mierda. Yo tenía 11 tacos, me acuerdo muy bien”. Añora aquellos tiempos (la adolescencia de su hermano) y trata de dirigir a sus amigos hacia aquella época. Trata de recrearla y formar una pandilla como las de antes. O como él imagina que eran.
Lo que sabemos de El Chico de la Moto es que era un líder que se había convertido en héroe y que un buen día cogió su moto y tomó la carretera hacia California para emprender un viaje que lo transformó en un adulto. Volvió convertido en una leyenda viva.  Parecía un rey en el exilio. Seguía encontrando los fantasmas del pasado, como el policía Patterson, quien se negaba a ver la maduración que había sufrido: “le odio tanto por que los chicos como tu creéis que es algo que no es”, le dice a Rusty, “no es un héroe”. Rusty cree ciegamente en su hermano. Quiere ser como él. Cree que será como él.
La lealtad es su único vicio”
La cinta describe la necesidad de huir de una ciudad que como una pecera no permite ver más allá de los reflejos del pasado. Rusty todavía no es consciente, pero se encuentra atrapado entre los barrotes de una urbe sombría, sin matices, que le seduce con los mismos problemas de siempre. El Chico de la Moto lo sabe, quizá por eso se marchó. Y quizá para lo que volvió es para que su hermano pequeño pueda llegar a ver… el océano.





6 comentarios:

  1. Qué bien que hayas elegido esta peli!Me pirra! Uno de los temas que plantea es la difícil adaptación de ciertos temperamentos a una realidad que aisla a todo aquel que no se mueva dentro de sus parámetros. El chico de la moto representa uno de estos temperamentos. Quizá nos deberíamos plantear hacer un hueco en la educación a los perfiles humanos que se escapan de las coordenadas habituales y canalizar toda esa energía creadora en vez de forzarla a una amarga periferia. Tales gentes viven en una tesitura más "sutil, eterea, ilusoria, fantasmagórica .Cuando los niños muestran tendencias semejantes se procura enérgicamente hacerlas desaparecer y ante ellos se califica a esos individuos con los apelativos de ilusos, endebles o pedantes", como dijo alguien.( Perdón por mi cargante afición a las citas pero prefiero tirar de gente que escribe mejor que yo). Y la clave de eso la encontramos en la conversación de Rusty James, el Chico de la moto y el padre de ambos en un bar. El chico de la moto se haya en una disposición de temperamento "ilusoria", y es entonces cuando Rusty le dice al padre que quiere ser como su hermano. El padre le dice "Dios te libre, hijo" y le explica cómo cierta percepción de la realidad es lícita pero acaba llevando a la locura, dado el entorno que vivimos.

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  2. ¿Los profesores deben reforzar conductas como la del "chico de la moto"?

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  3. Hombre, creo que no. Es un tipo pendenciero, de tendencias alcohólicas y con un desarraigo brutal.En todo caso habría que fabular sobre cómo era cuando tenía 15 años y qué se podría haber hecho para canalizar sus capacidades ( parece ser alguien imaginativo, tierno,con facilidad para la abstracción, capacidad de liderazgo e interés por la lectura) hacia áreas más enriquecedoras. Quizá ese cóctel que produjo inadaptación a la realidad podría haberse encauzado. En ese sentido iba mi comentario.

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  4. Ya lo suponía; pero me pregunto si referencias de ese tipo no tienen "peligros" por su capacidad para activar procesos proyectivos.

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  5. Pues tienes razón,me haces dudar, ahora que lo pienso....quizá si viera la peli con 15 años el chico de la moto me podría parecer un tipo enrollado y empatizara con él y reforzara conductas de rebeldía mal entendida...es verdad que he hecho un análisis a toro pasado, desde mi edad...

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  6. Ya que estamos con Coppola, me ha venido a la cabeza "Tucker: un hombre y su sueño". Igual no estaba mal como ejemplo, ya que habla de un hombre enfrentado al sistema y con un optimismo y capacidad de curro a prueba de bomba que consigue llevar adelante su proyecto laboral. Además el hijo (de esas edades) está presente en la historia y colabora con el padre,va de coches, que suelen tener mucho éxito a esas edades, y es muy entretenida.

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