sábado, 10 de diciembre de 2011

La infancia de Iván y de Mouchette

Por Teresa Ariza

Intentaré exponer las particularidades de La infancia de Iván y de Mouchette que creo que posibilitan pensar en los valores y después argumentaré de qué manera la representación de la infancia, la construcción del gesto y la empatía provocada en el espectador a partir de la ficción cinematográfica pueden esbozar puntos de vista nuevos frente a los valores, es decir, cómo a partir de la empatía hacia ciertas construcciones ficticias ( personajes, historias...) se puede incitar al espectador a que tome posición ante determinados aspectos valiosos de una manera poco adocenada, en tanto que el lugar donde el espectador puede posicionarse no viene construido de antemano.

El personaje de Mouchette:
Mouchette es una adolescente que vive en un pueblo francés. Su vida se desarrolla principalmente entre el colegio y su casa. En el colegio no parece ser apreciada ni por profesores ni por alumnos y su casa es un lugar frío donde vive con su madre, que está encamada y gravemente enferma, con un bebé desatendido que berrea y con un hombre que parece ser su padre, aunque en ningún momento de la película demuestra un mínimo de cariño hacia Mouchette. La gente que la rodea es incondicionalmente venenosa y destructiva, hasta el punto de que se produce una especie de inadecuación incomprensible entre la actitud de Mouchette y la respuesta de los demás. Esto moldea sutilmente la manera en que Mouchette se construye ante el espectador: su hermosura y su sensualidad aparecen inevitablemente oscurecidas; no deja de ser luminosa, pero la luz que existe en el mundo que la rodea es tan rara, tan ponzoñosa, que al brillar parece algo así como un cuervo radiante.
Mouchette se encarga de las labores domésticas, de atender al bebé y de cuidar a su madre, y permanentemente tiene una expresión profunda y triste, aunque su mirada tiene un brillo encendido característico de los ojos que aún no se han alejado por completo de la infancia. Además su emotividad aparece pautada por ese perpetuo hieratismo característico de los personajes de Bresson. Creo que este punto ligado a algunas manifestaciones contradictorias tanto corporales como mentales propias de esa edad intermedia entre la niñez y la vida adulta hacen que Mouchette emane algo que dificulta la lectura de sus gestos y que estos además no sigan los esquemas convencionales de representación de emociones.
Mouchette es un ser tan al margen de las convenciones adultas que ni siquiera la muerte le iguala a ellos: el único momento de la película en el que juega como una niña es cuando se deja rodar colina abajo con el vestido blanco puesto por encima de su ropa, como si con ese vestido fuese un personaje recién encarnado; entonces rueda hasta justo el borde del río dos veces. La tercera cae al agua y desaparece. No se suicida tirándose al río, sino que inventa un juego en cuya meta se encuentra la muerte esperándola. Sólo entonces se deja llevar por ella.

El personaje de Iván:
Es un personaje atípico, su forma es rara y la ficción empieza en su propia piel, ya que es un niño con un cuerpo pequeño y frágil pero que en cuanto a su capacidad retórica y su valentía parece un adulto. Es un personaje hermoso y complejo, que puede luchar, puede discutir ordenada y vehementemente como un adulto, puede llorar, puede quedarse dormido y ser cargado y tratado con ternura por sus compañeros; es pequeño y puede burlar peligros que para la gente grande son infranqueables precisamente por su tamaño... Cuando Iván llora y es consolado, o se alegra y le levantan por los aires, o se duerme y le llevan cuidadosamente a la cama, abandona su pequeño cuerpecito y se hace evidente lo complejo y completo que es este personaje. No es que no sea ni un niño ni un adulto, es que es una suma de las dos cosas . El cuerpo de Iván con esa forma, conteniendo ese alma, se convierte en algo parecido a una estructura poética. Quiero decir que su personaje se deja ser leído, pero no horizontalmente, de izquierda a derecha como la escritura, sino hacia dentro. La narración cuando pasa sobre él se arremolina, generando un nuevo nivel de lectura, es decir, significa en un sentido diferente al narrativo ( algo parecido pasa con el pequeño Óscar en El tambor de hojalata). Su cuerpo en sí, con esa personalidad tan poco habitual, es ya una ficción que transcurre independientemente del sentido del hilo argumental de la película. No sé si esto se entiende. Quiero decir que Iván es tan atípico que cualquier manifestación emocional convencional al pasar por él deja de ser convencional y pasa a ser algo ligeramente dislocado con respecto a las cosas. Esto es, que si los gestos de Iván sirven para entender su mundo, al ser gestos impresos en un cuerpo extraño que es todo un otro mundo en sí, no pueden ser reflejo de nada convencional, sino que forzosamente hacen del mundo que supuestamente reflejan algo distinto, mutado.
Si el gesto es un reflejo del mundo, ¿qué mundo nuevo refleja el extraño gesto de Iván? ¿En qué mundo muere Mouchette cuando se deja llevar por la muerte de esa manera?
Creo que al hilo de esto es interesante traer unas palabras de Jeff Wall con respecto al gesto: Wall considera el gesto como un signo convencional que funciona como un emblema (…) el gesto crea verdad en el proceso dialéctico de ser para otro; en imágenes, ser para un ojo. Wall tiene en cuenta los parámetros mentales heredados del barroco que se ponen de manifiesto al leer la gestualidad posmoderna, y considera que en la sociedad posindustrial la gestualidad ha quedado mermada, se ha vuelto algo pequeño y mezquino, y esta pequeñez está directamente relacionada con la posibilidad que actualmente existe de mostrar las imágenes a gran escala y llenas de luz. Independientemente de las reflexiones de Wall acerca de la mezquindad de la gestualidad posmoderna me pregunto de qué puede ser emblema cualquier gesto proyectado por Iván o por Mouchette.
Quizá esta manera de valorar el hieratismo y de considerar el rostro del actor como un reflejo o representación de lo que mira, recuerde un poco a la sensibilidad de Bertolt Brecht cuando propone una interpretación antinaturalista que distancie la emotividad del espectador, pero en realidad esto que creo que sucede en Mouchette y en La infancia de Iván no provoca una distancia emocional, al contrario, golpea directamente en los afectos y moviliza, entre otras cosas, la empatía.
Llegado este punto me vienen a la cabeza preguntas como qué sucede cuando una ficción, o una mentira, o un objeto inerte provocan empatía (si es que la provocan), y si a partir del lugar al que nos dirige esa empatía nueva, provocada por una poesía recién nacida, se puede pensar en los valores ( o simplemente en lo valioso) de una manera menos adocenante.

1 comentario:

  1. Tres cosas:

    1. Entiendo que el cine de Bresson y el teatro de Brech están en las antípodas, seguramente porque a Bresson no le interesaban los planteamientos "pedagógicos" de Brech. ¿Nos interesan a nosotros para "educar en valores"?
    2. Película con suicidio o con situaciones que lo impliquen no creo que sean buenas para el aula.
    3. No has entrado en la relación que pudiera tener con La infancia de Iván (Tarkovsky, 1962). Y según lo que comentas, a lo mejor...

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