jueves, 19 de enero de 2012

LA JOVEN DE LA PERLA

Por Nieves González Pérez


“La joven de la Perla” (2003) es otra magnífica adaptación cinematográfica de una novela. En este caso el director, Peter Webber, se basa en el homónimo libro de Tracy Chavalier, en el cual la autora fantasea sobre el papel real que pudo haber tenido la hermosa mujer del afamado cuadro en la vida del pintor.
La historia de esta joven se basa completamente en suposiciones románticas de la escritora ya que, la verdad, sobre su persona es una incógnita para la Historia del Arte, tan grande como la de la Mona Lisa de Leonardo. Chavalier, convierte a la retratada en una joven sirvienta que entra a trabajar en la casa de los Veermer y poco a poco, gracias al interés artístico que esta demuestra y del que la mujer del pintor carece, va trabando una estrecha relación con el artista (Colin Firth), rozando muchas veces el amor pero sin llegar jamás a consumarlo. El nudo de la trama surje cuando el mecenas del artista (Tom Wilkinson), viendo la atracción entre estos dos personajes, le encarga a Veermer un retrato de esta. Los celos de la mujer del artista, patentes en toda la película se acrecentan en este momento y finalizado el encargo, Griet (Scarlett Johansson) es despedida de la casa.


Aunque la trama de la película se base en una concepción romántica de lo que pudo haber sucedido, la historia no deja de tener una parte muy real y bien documentada que explica a la perfección el contexto político-social del momento. La reflexión que hace sobre como fue la vida de este pintor se aleja ya de la mencionada concepción fantástica y es reflejada fielmente. Chavalier y Webber nos describen, una con palabras y otro con imágenes la situación económica, familiar y laboral de Johannes Veermer, siguiendo fielmente los datos que sobre este se tienen, nos explican a la perfección su modo de trabajar, de abordar las obras, la lentitud de su proceso… también describen el proceso de fabricación de las pinturas óleo del momento, la elaboración de los pigmentos, los soportes empleados, la incorporación de la cámara oscura, etc… y Webber, además, lo hace a través de una película de incuestionable calidad técnica: los escenarios y la fotografía están tan bien elaborados que en ocasiones da la impresión de estar contemplando pinturas flamencas en movimiento, los colores muchas veces parecen sacados de la paleta del pintor, la música acompaña el desarrollo de la película de manera discreta pero eficiente y la actuación de los dos actores principales Scarlett Johansson y Colin Firth no deja nada desear.
Como elemento filmográfico a incorporar en las aulas me parece perfecto ya que permite, además de conocer las características de la sociedad y el arte del siglo XVII reflexionar sobre otra muchas cosas como bien podría ser la capacidad de entender el arte, muy presente en el discurso de esta película, en la cual vemos constantemente la lucha de una mujer culta y educada pero incapaz de comprender lo artístico frente a otra que no sabe ni escribir pero tiene un gran juicio artístico que sin embargo, jamás podrá acceder a ese mundo.

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