miércoles, 22 de febrero de 2012

Los espigadores y la espigadora- Agnès Varda- 2000


Por Teresa Ariza

Es una película-documental grabada en vídeo.
En el arranque se muestran imágenes de las espigadoras de Millet y de Jules Breton y también la definición de espigador tomada de una enciclopedia; a partir de aquí se cuenta una historia de espigadores y espigadoras actuales que, según avanza la película, se va entrelazando con las  pinturas realistas del comienzo.
Estos espigadores contemporáneos subsisten principalmente de alimentos que son desechados por sus dueños, especialmente en los campos de cultivo, donde toneladas de patatas, tomates, hortalizas y manzanas quedan abandonadas después de la recolección, alimentos que, si no se espigan, se pudren.
La directora también muestra espigadores urbanos que se alimentan de comida encontrada en la basura, a un jubilado espigador de muñecos que los acumula haciendo grandes esculturas, a otro espigador pintor que reutiliza objetos y los transforma en marcos para sus pinturas, espigadores de electrodomésticos... Y alterna todas estas historias con imágenes de sí misma enseñando su mundo, sus objetos preciados, sus gatos, su gotera en el el techo que le recuerda a Tàpies y a Guo Qiang, sus juegos inventados mirando sólo con un ojo, sus pinturas preferidas y sus productos espigados: patatas en forma de corazón y un reloj sin agujas.
Uno de los motivos por los que considero esta película adecuada para el aula es por la manera en la que muestra la espalda de la sociedad de la abundancia y el consumo: aunque muestra historias de gente que vive en situaciones desfavorecidas no utiliza trucos lacrimógenos ni adopta un punto de vista paternalista, sino que, al contrario, estas personas aparecen como supervivientes que, sin estar dentro “del sistema” saben aprovechar las fisuras y residuos de éste y salir adelante.



Por otro lado hace bastante hincapié en la legalidad de la forma de vida de estos espigadores (al menos en Francia), cuestión importante para que la película se pueda llevar al aula sin problemas y,  también, factor que acentúa las posibilidades transversales de fomento de la sensibilidad hacia la integración social.
El único acto delictivo que aparece en la película tiene relación con un grupo de okupas, y se aborda a partir de testimonios de los denunciados, del denunciante y también de la jueza que lleva el caso; punto de partida interesante para abrir un debate.
El ritmo de la película, sin ser trepidante, es bastante ameno. El hecho de tratarse, además, de una película que cuenta con muy pocos recursos materiales creo que puede animar a los alumnos a coger la cámara de su teléfono móvil y ponerse a grabar.
Además tiene una fotografía cuidada que sobre todo trata de mostrar lo que se mira desde un punto de vista afectuoso y cercano.
La película no promueve especialmente la práctica de la lectura, pero sí el gusto por la pintura y la cultura artística. Muestra con mucho detenimiento pinturas de Rembrandt, estampas de Ukiyo-e, el Juicio Final de Van der Weiden, las fotografías y el lugar de trabajo de Marey, la obra de Louis Pons... y menciona a otros artistas e instituciones relacionadas con la alta cultura.
Por otro lado sí enfatiza el esfuerzo y la capacidad de supervivencia de los personajes que retrata y que, por cierto, no aparecen como pobres desubicados sin criterio, sino todo lo contrario. De hecho no todos los personajes espigan por los mismo motivos, algunos tienen trabajo, seguridad social, etc, pero defienden la reutilización de los productos desechados como una cuestión ética, independientemente de lo barato que pueda resultar.



Las minorías a las que presta atención y dedica una mirada afectuosa no son solamente los espigadores y las espigadoras. También se presta atención a sí misma como mujer próxima a la vejez.
La situación que muestra el documental (estrenado hace doce años) de pequeñas economías organizadas a partir de los residuos que va dejando el esquema económico oficial es una cuestión candente en la actualidad y de gran interés, ya que desde el 2008 se ha visto acentuada.
Otro cineasta en sintonía con este documental de Agnès Varda: Alain Cavalier.

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