martes, 21 de febrero de 2012

Queimada de Gillo Pontecorvo (1969).


Por Alberto Navarro

Encontré Queimada en este curioso blog:
 http://espina-roja.blogspot.com/2010/08/queimada-pelicula-de-gillo-pontecorvo.html
Tanto la película como su director eran desconocidos para mí. Me surgieron algunas dudas:
¿Es verdad lo que este blog cuenta en la sinopsis?


La película hacía alusión a una historia real: en 1520 España quemó una isla  del Caribe, pero ¿por amenazas de boicot del régimen franquista se decidió sustituir a España por Portugal?
Me ha parecido espectacular el guión de Franco Solinas y Giorgo Arlorio. Sobre todo las conversaciones entre Sir William Walker (Marlon Brando) y José Dolores (Evaristo Márquez), lo mejor de la película.
En muchos pasajes, el filme me ha recordado a El poder en escenas de George Balandier (el título completo es: El poder en escenas. De la representación del poder al poder de la representación).
A lo largo de la película se aborda la idea de que “trabajo” y “libertad” son conceptos trampa que esconden una perversión en su propia etimología. Nadie te puede dar la libertad y, sin embargo, los poderosos emplean el gesto de otorgar esta al pueblo para mostrarse bondadosos y magnánimos, como el que da caridad. Lo mismo ocurre con el trabajo: casi parece un insulto decir juntas las palabras “trabajo” y “digno”. Hoy podemos considerar un lujo el tener un empleo e incluso usar el adjetivo que se crea del desempeño de nuestra labor para definirnos como individuos. Según el relato bíblico, la maldición de: “comer el pan con el sudor de la frente” es el más seguro de nuestros castigos.
Bajo el velo de la honorable abolición de la esclavitud y con la doble moral que esconde sus verdaderos intereses mercantiles y capitalistas, Inglaterra interviene en la colonia portuguesa. Por un lado, alentando a los esclavos a la revuelta y, por otro, animando a los potentados de la colonia a que apoyen su causa de falsa libertad para así conseguir la independencia. Una vez lograda esta, los ingleses se comprometen a iniciar relaciones comerciales para la explotación de la caña de azúcar, satisfactorias para ambas partes. Inglaterra eliminaría así a un competidor directo como Portugal que lograba mayores beneficios al servirse todavía de esclavos y no tener que pagar mano de obra. Falsa libertad para los esclavos porque las nuevas condiciones de trabajo eran iguales o peores que la esclavitud.


Me hace bastante gracia y me gusta el personaje interpretado por Brando. Encarna una especie de antihéroe por encima del bien o del mal. Interactúa entre ambos bandos simplemente porque puede porque él no está al servicio ni de unos ni de otros. Siempre va (o al menos eso cree él) dos pasos por delante (si hasta le sobra tiempo para meterse en peleas de bares) aleccionando como un profesor estratega y filósofo. Es el encargado de sembrar la duda y la incertidumbre y expone que los sacrificios y la muerte son necesarios y tienen su misión. Lo atractivo del personaje, para mí, está en el estoicismo de su carácter porque, como reconoce en el filme, él también es una marioneta. Es el instrumento del que se vale el poder para sembrar discordia y desconcierto, al tiempo que aprovecha la situación y consigue beneficiarse de algún modo. La gracia es que parece hacerlo para divertirse, como para probarse a sí mismo que puede, como un dandy inglés hastiado de apatía.
Solo al final, José Dolores quiebra sus planes y decide superar al maestro convirtiéndose en el héroe, o el mártir en este caso, que no es apreciado por "ser el más capaz", sino por ser el que asuma la carga soberana, el que perece por sus ideas para pasar a ser inmortal y, como mártir, volverse leyenda. Así lo plantea también Balandier en su libro: el héroe lo es por encima de todo por su fuerza dramática.
La película está plagada de críticas al poder, a su mecánica y engranajes. Así vemos en determinado momento (aproximadamente en el minuto 46 de metraje) como los gobernantes de Queimada permiten a los esclavos celebrar “El Día de los Reyes”, una especie de carnaval, un día en el que los esclavos son libres de hacer lo que quieran. Se les permite invertir el orden social por un breve periodo de tiempo; se deja que cuestionen el poder y se burlen de él apropiándose de una celebración cristiana para celebrar sus propios ritos africanos en un intento desesperado por perpetuar sus tradiciones.


El poder conocedor de la potencia de estas celebraciones prefiere incorporarlas y, una vez más, se muestra magnánimo otorgando al pueblo la libertad de manifestarse, incluso en su contra. La verdadera fuerza del poder y el orden reside en su capacidad de integrar y dar cabida a toda desviación y desorden (despojándolo por tanto de toda su fuerza y carácter).
La banda sonora de Ennio Morricone también es reseñable. Algo que llamó mi atención, a pesar de que entiendo poco de estas cosas, aluciné con los uniformes de los soldados ingleses.
Quizá lo que menos me gusta es el final que cierra la película con esa especie de moraleja de que todo hombre malo acaba recibiendo su castigo.
Una película estupenda y adecuada para trabajar con alumnos de Educación secundaria y bachiller.

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