lunes, 24 de febrero de 2014

En un mundo mejor

Por Fernando Cerezo Carrera

Haevnen (En un mundo mejor), película danesa de 2010, escrita por Anders Thomas Jensen y dirigida por Susanne Bier, nos cuenta dos historias que giran alrededor de los problemas de dos niños preadolescentes; principalmente de la relación que tienen con sus padres (en masculino, en este caso), de la educación que intentan inculcarles; y, sobre todo, de cómo contraponen la visión del mundo que les dan sus padres a la que se están formando ellos mismos por su interacción con la realidad cotidiana.
Aunque esta película trata el tema de la justificación de la violencia, de cómo responder ante ella, sería interesante verlo desde el punto de vista de la implicación de familia y escuela en la educación “cívica” de los niños.
¿Deberíamos como educadores intervenir en los comportamientos antisociales de nuestros alumnos? ¿Se debe respetar la mala educación que puedan recibir en casa por el hecho de ser una prerrogativa de las familias la elección del tipo de educación moral (o religiosa) que dan a sus hijos? Si fuera así, deberíamos empezar también a plantearnos si teorías como la del creacionismo no deberían incluirse en el currículum para que los padres pudieran elegir si la prefieren a la teoría de la evolución de acuerdo con las creencias que tiene la familia.
Volviendo a la película, Claus, padre de Christian -cuya madre a muerto recientemente y que se ha visto obligado a trasladarse desde Londres a Dinamarca, a un nuevo colegio-, trata de razonar con su hijo sobre la inutilidad de resolver los conflictos mediante la violencia; pero Christian, que ha tenido un enfrentamiento con otro alumno, le responde que, en la vida real solo puedes responder con más violencia para poder sobrevivir.
Al mismo tiempo, Elias, hijo de Anton, un médico que suele trabajar en los campos de refugiados de Sudán, sufre de acoso en la escuela por los mismos chicos con los que se ha enfrentado Christian. Este le defiende y se hacen amigos.
Más tarde, Anton está con sus hijos y con Christian en un parque infantil cuando su hijo pequeño se pelea con otro niño y él les separa e intenta explicarles que no deben pelearse. Pero el padre del otro niño, un mecánico llamado Lars, agrede a Anton por haber tocado a su hijo.
Anton pretende mostrarles cómo la violencia solo hace más débiles a quienes la ejercen y lleva a los niños al taller en el que trabaja Lars. Este vuelve a abofetear a Anton, que no se defiende y se justifica con la torpeza que demuestra la actitud violenta de Lars.
Al final de la historia, Anton se encuentra en una situación en la que debe decidir si atiende a un sádico “señor de la guerra” en el hospital de campaña en el que trabaja en el campo de refugiados en Sudán y, la actitud de regocijo y orgullo por su comportamiento violento –similar a la de Lars en la civilizada Dinamarca- le llevan a responder también con violencia, dejando al criminal herido a merced de sus víctimas.
La sociedad influye en la percepción que tienen los niños de las reglas que deben regir su comportamiento, independientemente de los deseos de las familias. Pero, a la vez, la violencia como herramienta cotidiana en muchos entornos familiares, configuran el uso de la fuerza en las sociedades. En estos casos, creo que deberíamos hacer uso del “adoctrinamiento positivo”, igual que nos hemos puesto de acuerdo en la necesidad de la “discriminación positiva”.
Aquí os dejo el enlace a la escena que hemos comentado en la que Lars golpea a Anton en el taller en presencia de los niños.

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