jueves, 20 de febrero de 2014

FRANKENSTEIN DE MARY SHELLEY

Por Paula Isabel Warren Alonso

La frase del comienzo de la película, palabras de la autora de la novela, nos avanza el interés último de la película, un viaje a la naturaleza del ser humano y sus temores más profundos. La película nos sitúa en un momento de cambio revolucionario, en pleno amanecer del siglo XIX. Los  avances científicos y  una convulsa agitación política y social cambian la vida de todos en una época en la que el deseo de conocimiento nunca antes había sido mayor.
El protagonista es Víctor Frankenstein, un joven de Ginebra que pertenece a una familia aristocrática. Sus padres adoptan a una niña huérfana, Elisabeth, de la que se enamorará profundamente con el paso del tiempo. Decide viajar a Ingolstadt para estudiar medicina en la universidad. Antes de marcharse jura su amor por Elisabeth y promete casarse con ella a su vuelta.
Con el deseo de profundizar en los misterios de la vida humana, Frankenstein se convierte en un obstinado alumno que realiza incómodas preguntas a sus profesores sobre temas delicados en relación con la vida y la muerte, que eran motivo de superstición en la época. Obsesionado con el fallecimiento de su madre, trata de dar con la clave sobre el momento exacto en el que acaba la vida y comienza la muerte. Tras conocer a un profesor que también hizo grandes avances en ese campo, Frankenstein da con la clave. El uso de la electricidad, junto a fuentes auxiliares necesarias (calor, nutrientes) y la materia prima adecuada (trozos de cuerpos humanos), dan vida a su ser. Lejos de ser una versión mejorada del hombre, la criatura resultante es lastimosa y abominable. En un descuido , Víctor cree fallecida a la criatura y regresa aliviado a Ginebra. Sin embargo, no ha muerto y se  esconde en un cobertizo anexo al hogar de una familia de campesinos. Allí aprende a leer y observa el cariño que se profesan los miembros de la familia. Cuando descubren su existencia huyen del hogar y la criatura se siente abandonada de nuevo. Tras dar con el paradero de su creador,   no encuentra consuelo a su soledad y fealdad ,e inicia una serie de crímenes que afectan directamente a la familia de Victor Frankenstein. También le amenaza, expresándole su deseo de vivir en compañía de un monstruo como él.
Es entonces cuando Víctor confiesa a Elisabeth que está aterrorizado. A condición de que le cuente la verdad, ella accede a casarse con él. Pero en un descuido de los guardias y del propio Victor, la criatura encuentra a Elisabeth y le arranca el corazón. Su amante sólo piensa en recuperarla de inmediato e inicia el mismo grotesco proceso con el que consiguió dar vida la primera vez.  Así es como una monstruosa Elisabeth cobra vida, pero se suicida al recordar quién era pero no reconocer su nueva existencia. Frankenstein no descansará hasta dar con la criatura original y destruirla. La película, de estructura circular, acaba con la escena del comienzo. Un exhausto doctor Frankenstein fallece tras contar la historia al capitán de un barco que está de expedición en el Polo Norte. El capitán sólo cree en ella al final cuando ve con sus propios ojos a este ser, que pone fin a su vida quemándose junto al cadáver de su “padre”. Tras unos segundos de vacilación, el capitán da la orden de volver  a casa y anular la expedición.
He de admitir que cuando vi esta película por primera vez, con dieciséis años, me enganchó lo suficiente como para pensar en ella por segunda vez e interesarme por las posibilidades educativas de este gran clásico de la literatura adaptado al cine. Por ello, lejos de presentar esta película a los alumnos como un ejemplo del llamado “cine de calidad” del que hemos hablado este curso es un largometraje más cercano al mero entretenimiento. Los excesos cinematográficos (el maquillaje, los escenarios, la iluminación, el movimiento de cámara...) nos permiten ver con claridad determinados  recursos técnicos. Ofrece además un excelente acercamiento a temas trasversales y preocupaciones que mucho tienen que ver con la sociedad de entonces y la de nuestra actualidad. De la misma forma, se anima a la lectura con la presentación de la película y con actividades como la lectura en el aula de fragmentos del original, que animen una investigación de la figura icónica de Frankenstein.
El ritmo de la película está muy descontrolado; es producto de un consciente ejercicio de construcción musical y movimientos de cámara que aceleran la narración y fuerzan al guión a reducirse a  frases que intercambian con rapidez los personajes. Esto produce un distanciamiento de los diálogos de la novela y  del lenguaje propio del siglo XVIII. Nos deja con la sensación de necesitar una mayor profundidad de conversación. Por tanto, el guión es una floja adaptación de la novela. Esta descompensación se encuentra también en el tiempo dedicado al desarrollo de las escenas. Excesivamente descriptivo en algunos casos y escaso en otros (se dedican demasiados y prolongados  giros de cámara para la presentación del laboratorio, de unos seis minutos de duración, frente a la primera conversación con la criatura de apenas dos minutos). Hay una cierta confusión espacio-temporal, como vemos con respecto al tiempo que la criatura tarda en aprende a leer. Los constantes momentos acelerados , en los que el movimiento de la cámara es incesante e irregular, se intercalan con otros más pausados y controlados, casi a modo de planos fijos, en los que se nos presentan algunas escenas. Un ejemplo de ello sería la escena del barco perdido en la neblina del Polo Norte ,cuando la mano de la criatura ensangrentada aparece aproximándonos a una representación teatral.
Son muy exageradas las interpretaciones de los personajes principales. Robert De Niro mantiene una actitud demasiado intimidatoria, alejándose del tipo de monstruo atormentado. Kenneth Branagh, por otro lado, mantiene una expresión muy parecida en toda la película. Pasa de un gran abatimiento a la mayor decisión. En la novela el personaje tarda en superar sus estados anímicos.
Sin embargo, el argumento de la película supone un buen reflejo de la época. Describe adecuadamente a los dos países protestantes europeos donde tiene lugar la trama, Suiza y Alemania, recogiendo las particularidades del momento.  La superstición sobre la peste, la reacción de las turbas enfurecidas que se lanzaban a  ejecutar a la gente que creían culpable sin miramientos, la discriminación  por miedo a lo extraño... Es una época de fuertes contrastes. Es cierto que había fuertes avances científicos pero también persistían dejes de la antigüedad. Aunque en los próximos doscientos años se acabarían por dejar atrás todos los miedos y terrores anteriores, en el salto definitivo a la modernidad.
Se considera una novela gótica, pero la película puede ser más romántica. Kenneth Branagh se vuelca de lleno en una representación teatral en la que se siente cómodo. Vemos reminiscencias  del cine y del teatro más antiguo en el que se mezclaban características de ambos, y nos recuerda en su ambientación incluso al Frankenstein del año 1931, salvando las diferencias. Esta aproximación al teatro más clásico nos sirve como posible introducción en la clase de elementos del mismo. Un ejemplo de ello es  la escalera por la que baja el padre después de intentar salvar a la madre. En este sentido, la fotografía también se aferra a pautas tradicionales, sin arriesgarse demasiado y manteniendo la coherencia de iluminación en todo momento
El uso del color es adecuado y coherente.  En la mayor parte de la película rigen las paletas de marrones, tonos cálidos, grises y negro. El comienzo de la película se sirve de tonos más fríos y claros. Hay un buen uso del maquillaje, el cuál es de nuevo demasiado exagerado, dando un aspecto grotesco a los dos monstruos, aunque de alguna es forma es coherente con la teatralidad propuesta. Otros elementos de esta son el barco en la niebla, similar a una maqueta, y la escenografía del laboratorio.
Hay una mala planificación de la economía de medios, puesto que la película abusa de efectos quizá innecesarios o que no logrando que se pretende con ellos. Se realizan grandes gastos en el montaje de las escenografías interiores y falta una mayor descripción del entorno exterior.

Planteamientos educativos transversales

El Síndrome de Frankenstein ,surgido en los años setenta, expresa la idea de que no somos capaces de soportar el parecido de lo que creamos con la propia obra de la naturaleza, por lo que acabaríamos destruyéndolo. Se puede despertar un debate sobre la tecnología y la inteligencia artificial, o robótica. Aunque los aspectos tecnológicos determinan que si esto pudiera ocurrir, nos sentiríamos incómodos con nuestra propia creación, con la idea de androides tipo “Blade Runner” , (Ridley Scott, 1982) , que serían inviables. La historia de Victor Frankenstein nos presenta la frustración que se produce cuando el hombre se enfrenta a la naturaleza, en un intento de imitarla y sólo conseguimos una vulgar copia. El salto de la robótica a la genética puede producirse en un intento de ir más allá. No hemos producido increíbles robots, no son ni copias de la naturaleza, por lo que tratamos de imitar a ésta de otras formas.
Entre los numerosos temas que podemos tratar con este clásico está la búsqueda de los límites del ser humano. El planteamiento no es hasta dónde podemos llegar, sino hasta dónde debemos. El capitán del barco que quiere abrirse paso como sea en el hielo , haciendo peligrar la vida de su tripulación. El propio Frankenstein en la búsqueda de la continuación de la vida y de transgredir los límites de la naturaleza. Realmente ambos personajes buscan su propia inmortalidad, uno en relación con lo físico y otro a nivel histórico. Nunca hemos buscado como ahora nuestros propios límites. La ingeniería genética, las investigaciones con células madres, la clonación, etc. Hasta el s.XIX las respuestas se buscaban en Dios, pero desde entonces y hasta ahora la búsqueda se hace a través de la ciencia. La culpa sería otro tema importante. Su carga es una constante en la película.  Está relacionada con la vulneración de las leyes naturales, de los límites, y finalmente recae en el protagonista.
Nos valemos de una película exagerada como primer acercamiento a estos temas que no siempre son fáciles de percibir y  desarrollaremos otros muchos que faciliten la comprensión del marco histórico al que se refieren, el Romanticismo. La importancia del amor, el hombre en contra de los elementos, superando condiciones adversas ( el barco en la tormenta, el hombre atravesando la nieve, la lluvia...). Miedos compartidos igualmente en la actualidad, en películas sobre catástrofes mundiales. La venganza se presenta aquí como sentimiento despertado después de que el espíritu es corrompido por las circunstancias. Los constantes abandonos de la criatura, la expulsión de la ciudad, el rechazo definitivo del niño... Él no quería vengarse pero se siente arrastrado a ello. El hombre falla al enfrentarse a la adversidad. Persigue sus ideales románticos y aún así fracasa. Pareciera que la reflexión final que nos propone Mary Shelley fuera más bien una advertencia sobre la búsqueda romántica, a favor  la aceptación de la realidad.
Toda la ciencia, desde la biología hasta la informática, se mueve impulsada por un sentimiento romántico de desafiarnos a nosotros mismos. La esperanza , propia del ser humano es la  creencia en un mundo mejor, que nos permite ir más allá del realismo puro. De lo contrario, nadie se aventuraría a hacer nada o a comenzar ninguna exploración. Tenemos la creencia de que somos más realistas, pero en realidad nos mueve la imaginación.

“En la investigación científica es más importante la imaginación que el conocimiento”.
Albert Einstein.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada