lunes, 24 de febrero de 2014

Rebell. La bruja de la guerra.

Por el guerrero Gerónimo


“Con tres heridas vengo: la del amor, la de la vida, la de la muerte.” M. Hernández.

Había una vez, una pequeña niña llamada Komona, que vivía muy tranquila y feliz, en algún reino junto al mar, con sus padres, hermanos y gentes llanas de algún pueblecito de África. Un día, unos hombres dotados de armas y crueldad  llegan en sus lanchas e irrumpen en el pequeño reino.
Las maneras con las que se presentan, no dan buenos augurios. Los niños, junto a Komona, son secuestrados y tras unas iniciales y espinosas pruebas de habilidad, convertidos en soldados.
Solo algunas esencias inherentes en el ser humano florecen en situaciones límite, como la voluntad de sobrevivir, y el amor  como la mejor arma de construcción masiva: Komona cuenta la historia de cómo llegó a ser soldado en forma de diario a su futuro hijo, fruto del amor con otro chico soldado, un africano albino.


Vida, amor y muerte, con parajes contundentes de África.
El buen lenguaje cinematográfico: un clímax, la mismísima naturaleza con sus  elementos como su brisa, viento que golpea  puertas de indolente madera,  sonidos de intemperie lo más alejado de lo artificioso, casi aromas que nos llevan hasta espacios remotos, un cóctel sensorial que nos lleva a África. Imágenes que brindan tranquilidad, invitan a la sentir y entender la paz, el contacto con la naturaleza africana, se escucha el silencio. Se suele decir que después de una tormenta, hay por fin algo de calma. Y el idóneo lenguaje del cine no se lo quiere perder. Inversamente, la  regla del guionista impera en la ficción.
Por ejemplo en el comienzo del film: imágenes que ofrecen calma, pero exigimos como espectadores una “tormenta”, que no tarda en aflorar. El bonachón y saludable panorama que ofrecen las imágenes de inicio es conseguido con planos fijos y encuadres estáticos pero se “rompen” sin concesión con el brusco sonido de unas lanchas, ataviadas con la siempre inclemente imagen de gentíos portando armas. Acto seguido un desembarco de soldados, esta vez cámara al hombro, colocándonos en vista subjetiva, rompe a todos los niveles con las imágenes aquellas estáticas: aquí el significado es diferente, como si fuéramos un usurpador más. Una técnica bastante usada en producciones de temática bélica. Es un riesgo que no le queda mal al director canadiense al dejar claro, un allanamiento en toda regla. Es en todo canon, la presentación de los personajes. Da sentido al guion, ya que irrumpen los refractarios, y no traen buenas nuevas. Llama la atención.

El desgraciado lenguaje de las balas se hace notar y termina con la armonía y paz de la aldea. Muerte, secuestro, entre  otros niños, de nuestra protagonista Komona;
Si antes nos llamaba la atención, ahora nos despierta la curiosidad. El juego de los contrastes, lo tendremos presente a lo largo del film; a ratos la tranquilidad, en contraposición, la destrucción. Sangre y muerte, contra el deleite de la ternura, en este caso de las almas aún adolescentes.
Una seria y trabajada paleta de colores  escoltan la historia. Si es África, negro es el color de los dioses, y las áridas estepas con sus variadas vegetaciones, el Olimpo. Nos acompañarán siempre en esta aventura. Es, por así decirlo, una película “natural”, rodada prácticamente en exteriores con acertada fotografía, que no se detiene en la pomposidad, sino en documentar la crueldad tal y como es, dejando atrás tretas de estudio  (amén de la post producción), y rodado con la naturalidad suficiente para dar verosimilitud a la historia.
El film cuenta también con aspectos  peculiares como es la presencia de los hechiceros en las tropas. A la vez rodadas estas partes con destacable plasticidad, se dice que invocan a los ancestros y otros espíritus dotando de fuerza y vigor a los soldados, inundados de visiones, para andar prestos y confiados en el inminente choque. Amuletos, hechizos son armas tan útiles para la batalla como lo son las demás. Es una de las novedades que presenta la película. De hecho, Komona, al sobrevivir a un ataque, la denominarán “bruja”, ya que sabe dónde se esconden los demonios de la jungla: “A la bruja del Gran Tigre, no se le golpea”.


Buen sonido: El idioma que predomina en los momentos narrados en primera persona, el diario de Komona, es el francés, aunque convive  con el autóctono. El sonido de las balas es un personaje más y suena como ha de taladrar la sinfonía de la destrucción. Los protagonistas juegan un papel bastante realista, y no es nada fácil el trabajo elaborado, por parte de la dirección de actores.

Invitar a una clase de adolescentes a visualizar esta clase de cine tiene un claro fin: no dejarles impasibles.

Sea un buen ejercicio hacerles saber que existen estos niños en países como Afganistán, Pakistán, Tailandia, Sudán entre otros y que amén de las razones que han imperado el reclutamiento, puedan ser conscientes los alumnos de varios aspectos: por un lado, que es una práctica muy asidua en determinados países en conflicto, como una imposición, sin miramiento ni derechos ninguno. Donde la guerra y la muerte cabalgan juntas y no tienen cabida palabras ostentosas  como “vida”. Por otro, que este tipo de acciones se conciba como algo normal.
A menudo estos niños son secuestrados; directamente de sus hogares o de las mismísimas escuelas. Se convierten en soldado, víctima y verdugo, y para más inri son pasmosamente reemplazables. Entre otros célebres aspectos que ni me atrevo a imaginar…
Amén de niños soldados, quisiera destacar la figura del personaje masculino principal: Mago, de naturaleza albina, y que son perseguidos y sacrificados debido a una extraña creencia por parte de los chamanes, en la que estos “seres”, tan diferentes en la raza, son fruto de los mismos demonios.
Que existen razones para estas aberrantes acciones como existe también los derechos del niño. Y que los responsables debieren rendir cuentas ante la justicia.
Concienciarlos de que, tal vez, en lugar de estar sentados en clase viendo este film, tuvieren que estar en un escenario definitivamente poco acogedor, con una Kafelnikov en lugar de un móvil última generación. O simplemente, no tener el lujo de contemplar una mala nota en Historia…
En definitiva, buena película que muestra una vez más, la crueldad del ser humano. Y que nada exime ni a los más jóvenes, de contemplar de cerca, el inexorable rostro de la muerte.
Este film, también fue proyectado en el I Festival Internacional de cine y educación de Madrid, celebrado entre el 20 y 24 de Enero de 2014. 

1 comentario:

  1. Un saludo.
    Un artículo interesante y muy útil para los que buscamos materiales para la enseñanza de Ciencias Sociales. La metáfora del Kaláshnikov es sugerente.
    Atentamente, Antonio Boix Pons.

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