miércoles, 7 de enero de 2015

The Congress (El Congreso), 2013

Por Jemo

The Congress es una película dirigida por Ari Folman (Israel, 1962) y realizada en coproducción franco-israelí. Aunque comenzó a trabajarse en ella en 2008, la película se terminó y estrenó en 2013. El origen y las vivencias del propio Ari Folman le llevaron a escribir y dirigir Vals con Bashir, ganadora de un Globo de Oro en 2008. Tras hablar y reflexionar en esta sobre sus propios recuerdos de la guerra en Beirut, vuelve a utilizar la estética de la animación, aunque ahora mezclando con partes actuadas. The Congress, catalogada como un largometraje de ciencia ficción, drama y animación, responde a la adaptación cinematográfica de la novela El Congreso de futurología (Kongres futurologiczny) de Stanislaw Lem.

Sinopsis:

"Robin Wright, una veterana actriz con una inestable y poco fiable reputación, recibe una oferta de Miramount Studios (directa alusión a los hollywoodienses Miramax y Paramount). Esta oferta consiste en un contrato según el cual los estudios podrán explotar su cuerpo digitalmente para generar películas protagonizadas por ella usando tan sólo imágenes generadas por ordenador. A cambio, Robin recibirá una importante suma de dinero y la promesa de que su personaje digital se mantendrá eternamente joven en todas las películas en las que aparezca.
Veinte años más tarde, y tras haber aceptado la oferta, la actriz vuelve a escena como invitada al Congreso de futurología; un gran acontecimiento en la ciudad de Abrahama, donde sólo puede accederse consumiendo la nueva droga/tecnología de Miramount que permite a las personas transformarse en avatares animados y verlo todo con esta misma estética. Esta novedosa tecnología, además, posibilita que uno pueda decidir lo que quiere ser en cada momento. Uno puede escoger convertirse en una preciosa diosa seductora, así como de golpe mudar su aspecto al de un héroe de acción."



El mundo que se presenta, dirigido inevitablemente hacia la irrealidad, permite elaborar paralelismos con el mundo efímero y digital actual, con lo que es real y lo que no; con cómo queremos vivir o cómo tendemos a vivir nuestras vidas en relación a los demás. Luchamos por una realidad inexistente cuando deberíamos ser más sinceros con nosotros mismos para encontrar el camino hacia una realidad sincera y humilde. La película muestra esto de una manera muy gráfica y evidente, lo cual considero un punto a favor de cara a que se presente un guión abierto al público sin muchos hermetismos.
Si bien es cierto que el ritmo narrativo puede resultar lento y confuso en ocasiones, el juego entre un mundo y otro nos mantiene enganchados. Las actuaciones de la primera parte son de admirar; los diálogos y el montaje son también muy interesantes. Pero tras el escaneo de la protagonista (a mi gusto la mejor secuencia del largometraje) y al entrar en la ciudad de Abrahama, el espectador no puede hacer otra cosa que alucinar. Este giro inesperado atrae la atención como si otra película diferente empezase. Y finalmente la vuelta a la realidad es impactante. De nuevo se abren los ojos por igual a protagonista y espectador, que llega aquí en un momento en que la impaciencia no hace más que imaginar cómo se verá el mundo sin el filtro de las drogas químicas Miramount.
El desenlace final puede resultar raro o complejo, pero da pie a la reflexión y conexión de ideas y sucesos que aparecen en varias secuencias. Lo cual es bueno para posibles coloquios o debates en torno a los principales temas que se tratan en el film, llegando al amor materno-filial como motor de todas las cosas.
También se hace importante la música, manteniendo una melodía lenta y melancólica casi como constante, únicamente con percusión y “movida” en los primeros minutos que pasamos en el mundo animado. Esto se lo debemos al compositor británico Max Richter, con quien ya había trabajado antes el director, que realmente consigue una banda sonora y ambientación muy adecuadas para las situaciones que plantea.
Yendo más allá de los valores y argumentos que puedan abordarse a raíz de The Congress, se hace evidente, al tratarse de una película de animación de gran calidad, que podría utilizarse para hablar de ella técnicamente. Además de la opción de análisis de fotografía y tipos de plano, en conexión con asignaturas de dibujo e imagen se podría introducir al alumnado en el mundo de la ilustración y la creación de personajes y movimiento. Y, por supuesto, con los idiomas (inglés en este caso).
Abordando de nuevo el tipo de mundo que se presenta al final, habitado únicamente por avatares reflejo de los deseos humanos, he de reconocer que puede reflexionarse sobre ello con efectos negativos. El compañero y amigo de Robin pone todo en cuestión, casi literalmente de sus palabras: “Aquí el ego no existe. Gracias a la química hemos sido redimidos. No existe la competencia ni la violencia. Tampoco fuertes y débiles. No hay secretos, todos son lo que quieren ser.” Y cuando vuelve al final con el doctor, este le explica que debían “reinventar la verdad”, que “las drogas cada vez son mejores” y existe la elección de “esperar a la muerte o alucinar allá soñando, huir de la realidad y sólo soñar”. Esto es algo que el alumno podría interpretar libremente identificando las drogas como salida o fuga de una realidad que no gusta. Pero estar ciego ante el mundo no es nada positivo, y aunque los personajes animados se vean felices soñando que son quienes no son, realmente sólo sueñan que aun son alguien. Por esto la película puede ser buen enlace para tratar el tema de las drogas invitando a alguien que hable de ello con el grupo o el propio tutor, y, lo que veo más positivo, sin necesidad de abordar el tema a raíz de casos extremos personificados y desembocados en la muerte. El funcionamiento de una población pasiva ante un sistema superior sería otro tema a destacar. El desenlace de la película nos muestra cómo la protagonista abre los ojos y encuentra cómo es todo a su alrededor realmente. Cómo no ha podido decidir qué hacer tras veinte años congelada, y de pronto se ve rodeaba de un clima de masas asocial. Todos están solos y, como ya he dicho, estar ciego ante el mundo no es nada positivo.

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