miércoles, 13 de enero de 2016

Los chicos del coro

Por Rafael Ribas

Sinopsis

Los chicos del coro narra la historia de Clement Mathieu, un músico fracasado y en paro es contratado como vigilante en un internado de niños problemáticos. La película está ambientada en 1948, en una Francia de postguerra conflictiva y pobre. Mathieu queda conmocionado con los métodos represivos de Rachin, el director del correccional, muy acordes con la época. Mathieu decide, ante el ambiente de tensión que se vive en el lugar organizar un coro. El director pone pegas al vigilante; no le gustan sus métodos. Finalmente Mathieu, imagen de la bondad y la comprensión, termina por transformar las vidas cotidianas de los internos a través del canto coral y la música. 

 Análisis

La película se desarrolla en un ambiente hostil como lo era la Francia de posguerra. Los del internado son unos niños difíciles, pícaros, y gamberros y siempre han sido tratados como delincuentes en potencia. La película me parece interesante en tanto que propuesta educativa por la eventual identificación de un público adolescente con los niños del internado y sus fechorías. No se limita el espectro social a un solo tipo de persona. El colectivo de internos no está compuesto únicamente a muchachos barriobajeros y pobres, sino que están ahí por diversos motivos: orfandad, problemas económicos, o malas conductas por ejemplo. La fechorías cometidas por los niños son pequeños acontecimientos que dan ritmo a la película, ayudan a mezclar el toque dramático con una pizca de humor. El director no ha elegido a ninguna cara conocida para el reparto de la película, ninguna estrella para llegar a todos los públicos, no obstante lo consigue. El nivel de los actores y su implicación es alta, tanto en el caso de los niños como en el del vigilante. 


El decorado y el vestuario son fieles a la época. La fotografía hace bien su papel, retratando un edificio austero, grande, frío y lúgubre donde la acción se desarrolla. También cumple cuando es necesario utilizar los primeros planos, por ejemplo para un solo, o planos generales del coro al completo. O por ejemplo el contrapicado que utiliza el director para presentar a Rachin. Es interesante, por ejemplo cuando los niños reciben la visita de una marquesa. El coro había sido prohibido por Rachin y aun así este se atribuye su éxito. El director establece un juego con los movimientos de cámara, jugando con primeros planos de los personajes y planos generales de la sala y el coro poniendo de relevancia la psicología de cada personaje. Es en ese mismo momento cuando Mathieu permite a Morhange reincorporarse al coro y brillar. El simple castigo que le había sido impuesto al niño era el de la exclusión; nada de violencia. En esta escena se encadenan perfectamente la fotografía, los actores y la música sin menoscabo del mensaje implícito. En general, los movimientos de cámara y los planos son armónicos y ayudan a dar dinamismo a la película.
En el ambiente descrito se confrontan dos visiones pedagógicas. Por un lado la autoridad despiadada de Rachin, cuyo método se basa en la acción-reacción. Cuando un niño comete una fechoría se le castiga con contundencia, pasando por la violencia física o el calabozo si es necesario. Al otro lado tenemos a Clement Mathieu, viva imagen de la comprensión y la asertividad. 
Mathieu, es un músico que se había jurado dejar la música. Pero decide utilizarla como instrumento pedagógico, y lo hace de un modo pertinaz. Es interesante como se contrapone el tesón calmado del vigilante, quien es al comienzo objeto de burlas y chascarrillos a la violencia del director, que aparece como una figura respetada. Sin embargo durante el desarrollo de la trama, es Mathieu quien se convierte en una figura respetada a quien los alumnos defienden, mientras Rachin no es respetado sino temido. 
Cabe señalar, pues, que Mathieu no se hace amigo de los niños, no encarna en absoluto el estereotipo de profesor colega sino que se hace respetar, principalmente respetando a sus alumnos. Demostrando mediante sus actos que la escuela no es un lugar hostil del que deben protegerse. De hecho se muestra siempre compasivo y protege a los más débiles: el ejemplo más paradigmático es el de Pépinot, un niño huérfano que espera cada sábado a sus padres, y que es constantemente objeto de burlas y abusos.


El vigilante, ofrece a los alumnos una razón para potenciar sus deseos de superación. La música es mostrada como un instrumento pedagógico: requiere de disciplina pero también entretiene y divierte. Lo cierto es que, una de las partes más complejas de la enseñanza es precisamente esa: lograr que se encuentre placer en aprender y en superarse. Evidentemente es imposible conseguirlo sin que ambas partes se impliquen en un mismo proyecto (el de aprender) no obstante no se pueden eludir responsabilidades cuando se está del lado de los profesores. A este respecto el vigilante es consecuente con su visión de la enseñanza, hasta el punto que Rachin le expulsa del colegio, momento en el cual los niños le demuestran su respeto y agradecimiento en forma de aviones de papel. 
En el trasfondo de la película subyacen varias cuestiones entre las cuales se cuentan esos pequeños logros de los educadores gracias a los cuales se salvan vidas, eso se hace patente en el personaje de morhange, cantante virtuoso que acaba por convertirse en un reputado director de orquesta. 
En lo tocante al resto de recursos fílmicos, no se puede dejar de mencionar la música. Es emotiva y se sincroniza perfectamente con los acontecimientos. Consigue emocionar al espectador sin que este sea necesariamente amante de la música clásica o coral. Lo cierto es que la película cuenta con varios premios por la música en su haber: Premio del cine europeo 2004 al compositor europeo del año (Bruno Coulais), César a la mejor música escrita para una película y César al mejor sonido, ambos en 2005. 
Por último y no menos importante, tenemos un guión que acompaña perfectamente las imágenes, alternando una pizca de humor con la seriedad cuando lo requiere el desarrollo del filme. 

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