martes, 9 de febrero de 2016

Doce Hombres sin Piedad

Lucía Suárez Espí

Sinopsis

Estados Unidos, década de finales de los cincuenta. Doce integrantes de un jurado popular deben decidir la inocencia o culpabilidad de un adolescente que ha sido acusado de matar a su padre. La decisión final ha de ser unánime y, de ser considerado un asesino, será condenado a la pena de muerte. En un principio parece que todos están de acuerdo en la culpabilidad del acusado. Todos menos uno, que consigue con sus razonamientos sembrar la duda en el resto y les hace recapacitar.
Escrita por Reginald Rose, (cuyos trabajos estaban marcados por el trato recurrente de temas sociales controversiales y problemas políticos), se estrenó en televisión en 1954, y más adelante fue adaptada al teatro y cine. La película, escrita y coproducida por el mismo Rose y dirigida por el gran Sidney Lumet en el 57, tuvo tres candidaturas a los Oscar, incluyendo la de mejor película.
Con una sofocante, pero efectiva, puesta en escena, que transcurre prácticamente en su totalidad en el interior de una sola sala y donde los doce hombres deliberan bajo presión, calor y tensión, consiguen ponernos en situación y hacernos sentir partícipes de esas mismas acciones y sensaciones.
Esto lo logran, entre otras cosas, con el uso maestro de la cámara. Al principio, en la mayoría de los planos, nos situamos por encima del nivel de los ojos de los personajes, creando una sensación de claustrofobia. Más adelante las cámaras se empiezan a situar al nivel de los ojos, y finalmente lo hacen por debajo y haciendo uso de primeros planos. Esto coincide con el punto máximo de agotamiento y tensión por parte de los personajes, y también del argumento. Simplemente analizando estos movimientos de cámara paulatinos que acompañan el argumento y las necesidades de la película, se podrían trabajar los encuadres e imágenes secuenciales y en movimiento, contenidos básicos de algunas asignaturas de secundaria.


 Al trabajar esta película con adolescentes creo que es especialmente crucial hacer hincapié en la toma de decisiones públicas y privadas, los prejuicios y la presión de grupo. Todas estos puntos marcan el comportamiento de la mayoría de las personas, de estas edades especialmente, y del resto de la sociedad en general.
Ante cualquier evento discordante en la vida social del adolescente, situación habitual en estos casos, éstos suelen actuar con conformidad por miedo al rechazo de la opinión externa, a la exclusión del grupo y por lo tanto a la presión de éste. La influencia social es tan grande a estas edades que suelen modificar sus sentimientos, opiniones y conductas en dirección a la posición que mantenga la mayoría. En la película de Lumet, podemos observar este fenómeno cuando proceden con la primera votación. Aquí algunos miembros del jurado tienen clara la culpabilidad del muchacho, pero podemos ver cómo el jurado número 9 (Joseph Sweeney) vota el último, esperando a que los demás lo hagan primero, claramente actuando por conformidad.


Este es el comportamiento que siguen los adolescentes, por ejemplo ante un caso de bullying, tan sonado hoy en día. Aunque la mayoría no estuviera de acuerdo con someter, criticar o martirizar a la víctima, la mayoría de los compañeros decidirían unirse al atacante que lleve la voz cantante, o simplemente no actuar en su defensa. Sería interesante visualizar esta película y analizar este comportamiento. Quizá poner en situación al grupo, motivado por algún hecho dentro del centro de éstas características, posiblemente planteándolo mediante un juego de Rol. Estas situaciones y reacciones ocurren habitualmente a nivel social en todos los ámbitos, clases sociales y grupos de edades. Se llevaría a una representación de la sociedad a pequeña escala dentro del aula.
 Al igual que en la película de Lumet, seleccionaríamos personajes de diversas clases sociales, ideológicas y con diferentes prejuicios. A través del debate expondrían, siempre desde la situación del personaje que estén representando, sus opiniones, impulsos y veredictos contra la víctima. Quedará reflejado cómo influye la vida de cada uno a la hora de dictaminar la culpabilidad o inocencia de otro, al anteponer los prejuicios personales al análisis objetivo. De esta forma se trabajará la escucha activa, el arte de preguntar, la asertividad y el trabajo en grupo.
También es importante ver la posición de la minoría discordante, el jurado número 8 (Henry Fonda) en la película de Sidney Lumet, y el gran impacto que puede tener sobre el resto. Este personaje, aún dudando la inocencia del acusado, tampoco presupone su culpabilidad. Es consciente de lo que está en juego y del comportamiento social y la falta de personalidad del grupo. Queda evidente la diferencia que puede hacer la opinión de uno solo, a pesar de estar en minoría frente al resto, a la hora de cambiar el destino de los acontecimientos. Es un acto de valentía, sentido común y, sobretodo, de responsabilidad, que deben ver, valorar e incorporar los alumnos. Tienen que acostumbrarse a preguntarse las cosas y no dejarse llevar por testimonios ajenos ciegamente.


La película también serviría de nexo para estudiar los distintos procesos judiciales de otros países, la pena de muerte, el papel del ciudadano, los derechos y deberes que tiene y el funcionamiento del juzgado popular. La obra original es de 1954. Cabría analizar los temores de la sociedad norteamericana de la época que muestra la película y ver si han cambiado. Compararlos con los de nuestra sociedad. Sería interesante preguntarse cómo adaptarla a la época actual. Los juicios que se celebran en la actualidad, el modo, el motivo, los implicados…
Por supuesto, si se trabajara la obra en versión original, trabajarían transversalmente la lengua inglesa, aunque para analizar el amplio y complejo contenido que he propuesto, no creo que fuera la mejor opción. Aunque sí para analizar quizás la primera propuesta, la del trabajo de imágenes, encuadres y planos.
A través del estudio del guión, se podrían estudiar corrientes literarias de la época y autores coetáneos, como Truman Capote, Heminway,Tenessee Williams o Graham Greene entre otros.
He de añadir que quizá el visualizado de la obra entera de Lumet no sea lo más apropiado para los primeros cursos de Educación Secundaria Obligatoria, y sería conveniente adaptar el ejercicio de transmisión a estos grupos, y evitar la pérdida de conexión, desmotivación y aburrimiento, y así hacer fructífera la actividad.
En definitiva, el trabajo de Sidney Lumet y Reginald Rose abren un amplio abanico de posibilidades para trabajar transversalmente distintas áreas del ámbito educativo, (no solo a nivel de secundaria, sino de estudios universitarios y postuniversitarios) como la comunicación, imagen, historia, sociología, el teatro, la literatura o la antropología. 

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