martes, 9 de febrero de 2016

Dolls (ドールズ)



No basta con ver y leer, también hay que escuchar. OST de Joe Hisaishi



“Todo espectáculo de marionetas se presta a orgías de simbolismo. Vivimos; nos creemos libres; las marionetas son inertes; vemos con nuestros ojos el trabajo de los manipuladores. Los “hombres negros” inclinados sobre ellas a la vez como niñeras y como verdugos parecen encarnar al destino y son, lo mismo que él, anónimos. Yo no sé muy bien qué clase de símbolo puedes significar el manipulador con la cara descubierta, saliendo de un cuello occidental o nipón. Hagamos , si queremos, de esos conductores del juego, decididamente en minoría sobre los hombres encapuchados, el emblema de la voluntad o de la inteligencia, emergiendo aquí y allá de las fatalidades informes.”
Marguerite Yourcenar

Takeshi Kitano es un fiel amante del universo Yakuza. Lo adora. Tanto que en las 17 cintas que componen actualmente su filmografía, en todas se trata de una manera más extensa o puntual la temática sobre la mafia japonesa. Su carrera comenzó como humorista en la televisión japonesa a mediados de los años 80 con programas como Takeshi´s Castle (Humor Amarillo en nuestro país) y aunque siempre ha tenido una manera muy personal y cuidada de hacer cine, muchos no entendieron la intencionalidad de “Dolls”: ¿Estaba siendo tremendamente irónico? ¿Por qué ese cambio tan drástico de temática, intencionalidad y recursos estéticos?
Aunque quizás ese cambio drástico lo es sólo aparente y se trata de una sustitución de temáticas estrictamente relacionadas. Kitano adora su cultura, él considera que mediante el mundo del Yakuza puede accedes todos los aspectos de las relaciones interpersonales porque es una red compleja y representativa de la sociedad contemporánea japonesa. Lo que ha hecho en Dolls es utilizar otro ámbito propio de su cultura, no tan actual pero representativa de valores, estética e intencionalidades puramente niponas entremezclándolas con una poesía y narrativa visual tremendamente cuidada.


En “Dolls” se nos plantean tres historias de amor con un final trágico: Sawako y Matsumoto eran una pareja feliz, pero las presiones familiares harán que Matsumoto tome la decisión de dejar a Sawako. Hiro es un anciano jefe de la yakuza que treinta años antes abandonó a su novia para cumplir sus sueños de prosperidad. El anciano vuelve al parque dónde cada fin de semana quedaban para comer llevándose una grata sorpresa: ella acude cada sábado a ese lugar con la esperanza de volver a verle. Haruna una ex-cantante de pop ha decidido retirarse de la vida pública por un accidente, uno de sus fans tomará medidas desesperadas para poder reunirse con ella.


Teatro de marionetas: Bunraku

Ese cambio en la temática en la cinta de Kitano es el teatro tradicional de marionetas denominado jouri o bunraku .Combina tres especialidades: manipulación de muñecos, recitado de un texto y acompañamiento musical con un shamisen, instrumento japonés semejante a un laúd de caja cuadrada y tres cuerdas que se tocan con plectro. Su origen está poco definido pero existen escritos que lo remontan al s. XII. Sus temáticas son el resultado de una fusión de representaciones de marionetas que tenían lugar en monasterios sintoístas y narraciones o epopeyas tradicionales que narraban trovadores errantes que viajaban de ciudad en ciudad.


En cuanto a la configuración del escenario está pensada para el deambular de los manipuladores y muñecos. Las obras están pensadas para representar el exterior y el interior de un inmueble, por ello se establecen dos niveles en el escenario realizados a medida para conseguir el efecto de las marionetas deambulando por la escena. Ambos escenarios tienen distintas y medidas y alturas para que los títeres puedan situarse en el lugar indicado para la representación. Fuera del proscenio hay una tarima giratoria adosada a la pared derecha de la sala dónde se sitúan el narrador o cantante gidayu y el músico que toca el shamisen. Cada media hora se relevan estos dos intérpretes dada la tensión y cansancio que suponen dichas acciones. Para hacerlo de forma rápida, se rota la tarima giratoria sobre la que interpretan, que además está divida en dos partes, de manera que en la parte contraria a la que el público contempla se encuentran los otros dos artistas que los sustituirán. En la introducción de la película puede verse precisamente ese cambio. Existen otros músicos (viento o percusión) que se encuentran ocultos tras una celosía, ubicada en el altillo del lazo izquierdo del escenario.


En cuanto a los argumentos de las obras, el bunraku nunca se considerado espectáculo para niños, ya que su importancia reside en el desarrollo dramático y no tanto en la acción de las marionetas en sí.
El repertorio argumental del denominado Chikamatsu, se divide en dos grandes temáticas: el sewa-mono (piezas del pueblo) y el jidai-mono (piezas de época). Las primeras eran tragedias domésticas, relatos de amor imposible en la que los dos amantes deciden dejarse llevar por el ninjo (impulsos espontáneos del corazón) por encima del giri (la obligación debida al grupo, estamento social, clan, parentesco...etc) y emprenden juntos un viaje de huida conocido como michiyuki que inevitablemente finaliza con el suicidio o muerte de los dos protagonistas.
Takeshi Kitano tomará como referencia para su reinterpretación en la cinta, la obra de temática sewa mono “Los amantes suicidas de Amijima” (Chikamatsu Monzaemon, 1711), de manera que en la introducción de la película se nos muestra una representación de dicha obra en un teatro de bunraku con todas las características nombradas anteriormente. Comienza situando al espectador el patio de butacas, siendo testigo directo de la representación. Cada una de las dos marionetas está manipulada por tres personas vestidas de negro, dos de ellos ocultan su rostro con capuchas, pero el operario inicial mantiene la cara al descubierto. Los movimientos de la marioneta están exquisitamente estudiados de manera ésta derrocha expresividad y movimiento. Tras un intenso diálogo entre los dos amantes, y acompañados de una música que contribuye en el dramatismo de la escena, se inicia el clímax trágico de la obra en la que las marionetas se desplazan más allá del proscenio teniendo lugar el fatídico final para ambos.



(introducción a la película con la representación de “Los amantes de Amijima” de Chikamatsu Moemon)

Finalizada la introducción se nos presenta a los dos protagonistas de la película: dos jóvenes mendigos atados por sus cinturas con un grueso cordón rojo atraviesan, bajo la mirada y mofas de los viandantes, un camino flanqueado de cerezos en en flor. Los pétalos son un símbolo propio de la plástica japonesa, muy recurrentes, que simbolizan lo efímero. Se trata de un tópico recurrente para la representación de la primavera. De igual manera que luego lo será el mar, respeto al verano, las hojas para el otoño y la nieve para el invierno: La trayectoria y viaje de nuestros protagonistas les llevarán por las cuatro estaciones del año con sus correspondientes gamas cromáticas cuidadamente estudiadas: El verde de los prados del parque, el blanco-rosado de los cerezos, el rojo artificial de la noche urbana, los tonos pardos y carmesíes de la caída de la hoja, la nieve densa y el cielo azul. Tópicos de la cultura japonesa que nos transportan a aquellas estampas tradicionales del Ukiyo-e, género del grabado tan representativo de la época Edo con artistas como Hokusai, Utamaro o Hoshirige.



Kitano confiesa que la idea de los protagonistas atados no es estrictamente suya, si no que están basados en dos personajes reales que vio cuando se preparaba para comediante en Asakusa.

“La visión de los mendigos atados quedó anclada en mi mente y siempre he querido hacer una película con personajes como ellos. Decidí entrelazar esta historia con otras dos cortas. La idea de cada relato procede de algo que presencié en el pasado, del tipo de historias que resultan bastante comunes para los japoneses”

Después de esta presentación inicial de los mendigos atados, y siempre mediante flashbacks, el espectador resconstruirá las tres narraciones, tanto de la principal como de las otras dos historias.
Es posiblemente la primera película de Kitano que identifica clara y nítidamente el salto temporal con la figura del flashback., y ésta con el recuerdo; o la sinuosidad narrativa con la subjetividad. La película parte de una situación de pérdida amorosa que los personajes intentan corregir, y para eso se debe volver atrás y recapitular para comprender el origen de esa pérdida, de ese dolor.
En la principal, nos encontramos con un joven el día de su boda, Matsumoto que ha dejado a prometida, Sawako, para casarse con la hija de su jefe por puros motivos económicos y coaccionado por su familia. El día de la boda, unos amigos del novio se acercan y le dicen que Sawako no ha podido con el dolor y ha optado por el suicidio. Ante eso Matsumoto sale de la capilla en dirección al hospital , iniciando una escapada que pondrá fin a su vida tal y como la conocía. Allí inherte y sin expresión se encuentra su prometida, que no es capaz de expresarse, de hablar o de relacionarse. Matsumoto, sintiéndose culpable y asumiendo la responsabilidad de la situación, le saca del hospital, recurre a un amigo para pedirle dinero y comienza a vivir en su coche con Sawako. No puede dejarla sola ya que es peligroso para si misma y tras varios intentos de fuga decide atarse a ella por la cintura, tal y como veíamos al comienzo de la película.
En la segunda historia nos presentan a un anciano Yakuza, jefe de su clan, que recuerda, nuevamente mediante flashbacks, a su novia de la juventud y cómo la abandono por convertirse unirse a la mafia, por ascender en la vida y conseguir un trabajo.
Como último relato se nos presenta a Haruna, una idol de pop japonés que tras sufrir un accidente se retirará totalmente de la vida pública ya que su cara ha sufrido graves heridas. Uno de sus mayores fans ante la idea de no poder volver a verla decide auto dañarse y quedarse ciego ya que quizás así, la cantante acceda a verle.
Estas pequeñas sinopsis de las tres historias nos ponen en situación de cada uno de los argumentos pero también son necesarias para comprender ciertos aspectos como la existencia de roles atribuidos a los personajes en las historias del sewa-mono que también caracterizan a los de la película. Más orientados al hombre podemos entender dos tipos de estereotipos:

  • Nimaime: El héroe galante pero débil, joven y deseable que sólo es capaz de asumir su destino motivado por el espíritu de autosacrificio de la mujer.
  • Tateyaku: El héroe guerrero para el cual el cual el amor es incompatible con la vida del combatiente.


Así pues, entendemos que en al historia de los mendigos atados, Matsumoto ejerce ambos papeles: primero Tateyaku, ya como hombre que debe dejar a un lado el amor y enfrentarse a su destino para con el trabajo y su familia, pero tras el intento de suicidio y debido al sentimiento de culpa su rol tornará hacia un arquetipo Nimaime, que ante el autosacrificio irreversible de su amante, debe penar por causa de su propia debilidad.
En la del anciano yakuza, claramente representa un rol Tateyaku al haber abandonado a su mujer por unirse al clan.
Y por último el rol Nimaime del fan de la cantante Haruna, ya que ante el sufrimiento de su ídolo, decide autocegarse y acompañarla en su desdicha e infortunio.

Desarrollo de la película

Mizoguchi también ha recurrido a la temática del Chikamatsu para sus películas a él pero de una manera más realista y centrándose mucho más en una situación sociohistórica muy concreta, con especial sensibilidad hacia el papel de la mujer, Kitano sin embargo recurre a una preciosísima estética: un sistema narrativo y estilístico construido mediante tomas muy largas, envolventes y exquisitamente compuestas, elipsis temporales y escenas alternadas con historias perfectamente ensambladas. Alude a una iconografía puramente japonesa de tonos oníricos que se aproxima incluso al mero estereotipo. Por no hablar de unas bellísimas metáforas visuales.
Con Mizoguchi la tragedia se torna melodrama al moverse en un ámbito más realista, con Kitano se dirige más a un mimetismo poético y de ensoñación, ajeno al compromiso con lo verídico y real, por ello el uso del bunraku está totalmente legitimizado. Otra diferencia con el cine de Mizoguchi es que Kitano desactiva el papel de la mujer, paralizadas en la pérdida (Sawako ya no pertenece a este mundo, la novia del Yakuza espera la vuelta de su amor de juventud que nunca llegará y la cantante sueña con los viejos tiempos en los que era famosa y deseada). Dolls puede verse como una particular visión del Chikamatsu ya que a diferencia de Mizoguchi, crea un objeto único y precioso al cual el film rinde un tributo.
Las tres historias concluyen trágicamente: el yakuza es asesinado por otro clan rival cuando vuelve de una cita en el parque con su antiguo amor, el joven ciego fan de la cantante muere atropellado tras conseguir la tan ansiada cita con su ídolo. Las dos mujeres vuelven a quedar solas y sin saber qué les ha pasado tanto al yakuza como al fan. Los mendigos atados sin embargo, tienen el privilegio de perecer juntos.
Tras recorrer las cuatro estaciones del año, paisaje tras paisaje acceden a un paraje vasto y nevado. (Antes comentábamos que la huída de los amantes en este tipo de representaciones se denomina michiyuki. La palabra michi significa camino y yuki nieve). Atraviesan un páramo nevado y roban dos kimonos muy parecidos a los que vestían las marionetas de la introducción de la película dando a entender que pronto llegará el fatídico final al que están destinados. Tras caminar difícilmente en la noche, atados y con esos voluptuosos kimonos tropiezan y alternándose con las imágenes de las marionetas se muestra cómo precipitan por una ladera. Inconscientes y unidos por el cordón rojo que les une esperarán colgados en la rama de un árbol la llegada del alba y con ella su muerte.



Como antes decíamos la interconexión de las historias mediante planos y recursos poéticos estudiados al dedillo hacen que todo se entrecruce, se encabalgue de manera fluída, hermosa y creíble. Los encuentros de los personajes de las diferentes historias son casuales y momentáneos , no se afectan entre sí. Las piezas de desglosadas de cada relato se mueven siguiendo un único guión. Se trata de la organización de una serie de metáforas, de una voluntad poética que interviene en la conjunción de esas piezas creando un puzzle sensible y emocional que encaja perfectamente.
Cada plano es una filigrana, una hermosa composición, cada corte de edición una metáfora voluntariamente sutil.

Metáforas, recursos artísticos y poéticos.

En “Dolls” la poesía no es un recurso o un elemento fácil, si no una convención de lo sublime. Kitano intenta escribir haikus visuales, por ejemplo, cuando evoca una mancha de sangre mediante una hoja de arce que cae en el rio y se deja arrastrar por este. Y es que Kitano siente un rechazo deliberado a la representación de la violencia en Dolls, y que sin embargo está presente hasta la médula en todo el relato. Pone un marcha una serie de parámetros que despiezan la acción y que el espectador debe reconstruír trabajosamente y aludiéndola irremediablemente al horror. La hoja de la que hablábamos es la representación de la muerte del yakuza ya que tras de escuchar el disparo (suistituída por una larga nota de piano a mano del maravilloso Joe Hisaishi, encargado de una banda sonora tremendamente hiptnótica) da paso a la escena de la hoja ya nombrada. Es una forma suave y apacible la que se transforma en sangre. No hay acción, pero si muerte y Kitano se propuso no mostrar nunca su irrupción de una manera directa y sin embargo él mismo considera una de sus cintas más violentas.


Esa identidad metafórica reaparece poco después cuando unos policías limpian el charco rojo que se ha derramado tras el atropello del fan ciego sobre el asfalto: la temeridad de cegarse por amor le ha proporcionado una muerte vulgar e inútil. La cámara se eleva a su vez sobre el rojo de las hojas de arce que se alzan sobre un escenario otoñal dónde los mendigos atados vuelven a tener el protagonismo siendo un hermoso enlace entre ambas historias. Kitano utiliza esas profundas a veces y otras sutiles, metáforas visuales y pequeños objetos fetiche como figura de engarce entre secuencias, subtramas y pensamientos.

De entre todos esos pequeños fetiches que prolifera (la mariposa muerta que repersenta la vida conyugal en la cultura asiática, los ángeles de porcelana en el hotel dónde intentan quedarse la primera noche la pareja y que simbolizan a los tres monos: el ciego, el sordo y el mundo y a su vez el estado de Sawako, las hojas de arce como símbolo de la muerte...) uno destaca desde el principio:


«Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper».

La metáfora más significativa de la película es quizás la basada en la antigua leyenda japonesa del hilo rojo del destino, representado en el film como el grueso cordón rojo que une a los protagonistas, que une a las marionetas humanas. Esta leyenda que afirma que cada ser humano está unido a otro por un hilo rojo invisible atado a sus meñiques y por lo tanto están destinados a estar juntos para siempre. En “Dolls” Matsumoto asume bajo su rol de nimaine de ahora en adelante su destino es estar atado literalmente a Sawako después de sus múltiples intentos de fuga ya que si no, podría perderla de manera literal. Cordón que además parece tener la capacidad de “engordar”durante toda la película con el paso del tiempo y por la culpabilidad del protagonista.



Transversalidad en la obra
La película nos sumerge en el Japón más simbólico e iconoclasta. Artísticamente es una joya tanto narrativa como visual. El estudio de las metáforas o recursos poéticos utilizados puede desde un punto de vista tan estético ayudan al alumno a desarrollar sus conocimientos sobre el cromatismo o la composición entre otros. Además de acercarnos a aspectos más artísticos y menos conocidos como el teatro de marinetas bunraku o los grabados ukiyo-e. Por otro lado es importante dejar claro el sentido de la muerte en el film y no verlo con recelo y desde un punto de vista eurocéntrico, ya que su uso en la literatura, cine, teatro o cualquier manifestación artística japonesa dista mucho de su concepción occcidental.

Me gustaría cerrar esta entrada con una cita del escritor Yukio Mishima sobre el concepto de la muerte japones, que en contraposición con la idea occidental no tiene un carácter o una connotación tan oscura o derrotista:

“Los japoneses siempre han sido un pueblo con una severa consciencia de la muerte bajo la superficie de sus vidas cotidianas. Mas el concepto japonés de la muerte es puro y claro, y en ese sentido es diferente de la muerte como algo repugnante y terrible tal como es percibida por los occidentales. El dios de la muerte de la Europa medieval (el Padre Tiempo), sosteniendo una larga guadaña, jamás ha existido en la imaginación japonesa. (...) La muerte para Jôchô (Yamamoto) tiene el brillo infrecuente, claro y fresco del cielo azul entre las nubes.”

Referencias:

El teatro japonés y las artes plásticas – Javier Vives (2010). Editorial Satori
Entre Geishas y Smurais. La imagen del japonés en el cine occidental.
http://www.gabinetecomunicacionyeducacion.com/sites/default/files/field/adjuntos/entre_geishas_y_samurais._la_imagen_del_japones_en_el_cine_occidental.pdf
- Seppuku y Harakiri: El suicidio ritual en Japón.
http://www.thecult.es/historia/seppuku-y-harakiri-el-suicidio-ritual-en-japon.html

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