martes, 9 de febrero de 2016

Lucy

Por Marco Prieto


 Este film nos narra la historia de Lucy (Scarlett Johansson), una joven convencional que, tras verse involucrada de manera fortuita en una trama mafiosa, es obligada a ejercer como mula de una potente droga de diseño. Al estallar la bolsa que Lucy lleva en su interior, esta descubre el compuesto que comienza a incrementar su capacidad cerebral exponencialmente. Arranca así un viaje psicotrópico en el que la protagonista tratará de conseguir otra dosis de la que depende su vida, al tiempo que explora los límites de la capacidad física y mental del ser humano.
El francés Luc Besson retoma de esta forma coordenadas temáticas y narrativas que ya había explorado en anteriores trabajos. Reanuda en cierto sentido algunos elementos retrofuturistas que ya exploró en la aclamada película El quinto elemento, y los sintetiza en una trama de crimen y persecuciones policiales al más puro estilo Nikita.
El resultado es una cinta un tanto irregular, que destaca en sus primeros compases por un manejo virtuoso de los códigos del thriller. La secuencia inicial es un chute despiadado sobre el espectador, una auténtica sacudida en la que los tiempos, la presentación de personajes, la agilidad en el montaje y una puesta en escena desconcertante y sorprendente rompen, a un tiempo, los esquemas preconcebidos de la protagonista y el propio espectador. A partir de ese momento la película divaga en una serie de peripecias y secuencias sostenidas conectadas entre sí más por un tratamiento alocado y alucinógeno de la puesta en escena que por un hilo argumental coherente, algo de lo que el film carece sin ningún tipo de complejo.
Nos encontramos ante un artefacto al servicio del entretenimiento, una película sin mayores pretensiones en el que cualquier factor discursivo: el más que discutible punto de vista científico, la verosimilitud de la trama, el componente crítico o reflexivo, etc… quedan supeditados a las necesidades sensoriales y estéticas que toda cinta de acción debe explorar para enganchar a su público. Estamos en definitiva ante un viaje psicotrópico, el de la propia protagonista y el del espectador, que asisten alucinados a una sucesión de flashes, contradicciones estéticas y delirios narrativos.
¿Significa esto que la película no funciona como elemento potencialmente pedagógico? En nuestra opinión, nada más lejos de la realidad. Cabría preguntarse hasta qué punto una película con un contenido discursivo muy marcado facilita o, en nuestra opinión, acota en exceso el terreno pedagógico de análisis. Quizá las películas más vacías de sentido sean precisamente las que más espacio dejan para ser rellenadas. Lucy puede servir como base para plantear distintos elementos de discusión sin dejar de ser un artefacto cinematográfico atractivo para los jóvenes.
No deja de ser interesante el juego de matrioskas que el propio nombre del film pone en marcha. Lucy es el nombre que los científicos han dado a los restos más antiguos de un Australopithecus afarensis  que viviera en África hace 2,3 millones de año. Es considerada la humana más antigua de la que tenemos constancia. La película da cuenta de ella en una breve pero elocuente escena en la que la protagonista se siente heredera como pionera de una nueva especie. Pero resulta curioso que el esqueleto de Lucy recibiera dicho nombre porque al ser encontrado, en la radio de los arqueólogos, sonaba la canción Lucy in the Sky with Diamonds. Un homenaje al LSD que unos psicodélicos Beatles compusieran allá por 1967. Un tema tan onírico y alucinógeno como la propia película.

Fuente: http://www.lne.es/vida-y-estilo/tecnologia/2015/11/24/lucy-australopithecus-doodle-google/1846008.html

Uno de los conceptos fundamentales que podría ayudar a desencadenar una reflexión interesante en el aula radica en torno a la droga que necesita la protagonista para poder sobrevivir. Esta droga es el detonante y a la vez la única manera que tiene Lucy para poder seguir viva y a la vez continuar el proceso de desarrollo; una sustancia que introduce en el organismo la idea de un consumo obligado, necesario, algo equivalente a la sociedad en la que vivimos: una sociedad que si no consume cada vez más y más rápido, se muere. Un agobio constante que ha generado el propio capitalismo y que nos empuja de forma imparable al abismo de la decadencia.

Fuente: http://www.elhype.com/es/lucy-lucy
En este plano se encajan las tecnologías como elemento fundamental de este progreso, introduciendo avances sociales que se desarrollan fuera y dentro del propio individuo simultáneamente. Esta idea encarna la velocidad exponencial de nuestro mundo y a la vez disfraza de infinitud nuestra resistencia al agotamiento, tal y cómo queda representado en el ritmo de la propia película. Un recurso transmediático que empodera al guión de transversalidad y que activa desde el propio consumo audiovisual esta sensación de velocidad terminal. Podríamos hablar en este punto de cómo las tecnologías (más bien su elemento común: internet) son nuestro actual método de desarrollo, si están a nuestro servicio para solucionar de forma más sencilla, aunque indiscriminada, nuestros problemas o si por el contrario somos nosotros mismos esclavos de aquello que en un principio pensamos serían grandes avances. Para alumnos de secundaria me parece fundamental que se cuestionen a sí mismos qué posibilidades tienen cómo individuos en este su mundo contemporáneo. Qué capacidades de elección, de selección. Sería interesante reflexionar también sobre las limitaciones del propio ser humano en cuanto a la adquisición de conocimientos, habilidades y aptitudes. Cuestionar si han de ser o no ampliadas estas fronteras fisiológicas y que nuestro desarrollo ocurra fuera de nosotros. Es decir, trasladar la labor de almacenar conocimientos y adquirir habilidades a la nube o a otros dispositivos y comenzar a desarrollar otras cosas dentro de nuestra capacidad cerebral. En qué posición queda el ser humano si las habilidades, capacidades y conocimientos son trasladados  a otros contenedores y ya no tenemos que preocuparnos ni por recordar ni por tener lo que se dice como “dones” y “genialidades”; si no utilizar nuestro cerebro para algo más.
El final de la película puede utilizarse de acercamiento a los alumnos para la reflexión y además simboliza e introduce todas las ideas anteriores. En un momento dado, uno de los personajes pregunta “¿Dónde está Lucy?”, en ese momento le llega un mensaje a su móvil que dice: “Estoy en todas partes”. Es así como podemos empezar abordando el tema, la omnipresencia desde el punto de vista comunicativo que nos permiten los nuevos medios funciona como germen para comenzar en el alumno el proceso de reflexión ya que en ese hecho en particular no nos diferenciamos en exceso con Lucy.
Cabe destacar también la presencia de los personajes femeninos en la obra del francés. Más allá de protagonizar los films antes mencionados, la mujeres de las películas de Besson se auto-superan como personajes vehiculares de la narración. No sé piensan a sí mismas desde una perspectiva de género ni están llamadas, en principio, a ser el motor de la historia y, sin embargo, acaban empoderándose y tomando el control de la trama. Una perspectiva feminista alejada de la reflexión, más física si se prefiere, al servicio de una historia que tampoco pretende funcionar como metáfora de género, pero se revela inevitablemente como tal.


Fuente: http://www.plataformaarquitectura.cl/cl/02-355431/cine-y-arquitectura-el-quinto-elemento-2

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