miércoles, 10 de febrero de 2016

Network. Un mundo implacable

Por Raquel Checa Solueta 


En “Network”, seguido de “Un mundo implacable” en España, (Sidney Lumet, 1976), Howard Beale (Peter Finch) tiene una larga trayectoria como presentador de los informativos de la cadena estadounidense UBS pero, debido a la caída en picado de los niveles de audiencia, los productores de ésta toman la decisión de prescindir de él. Ante la noticia de su despido, y para asombro sus compañeros de cadena y de todos los televidentes, Beale anuncia en medio de su informativo que se suicidará en directo en su próximo y último programa.
En ese preciso momento, los niveles de audiencia se disparan. Beale está siendo noticia en todas las cadenas, su proclama contra la hipocresía de los medios, la política y la economía, por la que finalmente ha tomado la decisión de suicidarse, llega directa a las entrañas de ciudadanos de todo Estados Unidos, convirtiéndole en la voz de la masa enfurecida de una sociedad cansada de que le tomen el pelo: “¡Estoy más que harto, y no quiero seguir soportándolo!”. Automáticamente, Diana Christensen y Frank Hackett, productores de la UBS, caen en la cuenta del maravilloso producto que acaban de encontrar. Howard Beale, el nuevo profeta de la televisión, pasará a convertirse en una marioneta mass-mediática que, creyéndose verdadera, no será sino un personaje más manejado al antojo de los grandes intereses.


Las consignas de este nuevo líder del pensamiento popular hacen que los habitantes de Estados Unidos comiencen a dejar su papel de simples espectadores de la realidad que les rodea, para comenzar a participar activamente en el diario vivir norteamericano. Pero todo tiene un límite. El impulsivo y agresivo discurso del presentador, enajenado ya por el poder de la televisión y el control e influencia que le permite ejercer sobre la población, empezará a derivarse hacia la crítica a grandes corporaciones, incluida a la de su propia cadena y sus cuestionables métodos de financiación, lo que llevará a ésta a determinar el final del fenómeno mediático por todo lo alto, dándole a la audiencia lo que realmente ansía: morbo, exceso y violencia.

Análisis

Casi cualquier película podría ser la excusa perfecta para aprovechar y ver con los alumnos, aunque sea muy someramente, en qué consiste la construcción y el lenguaje cinematográficos y cómo podemos establecer criterios para el análisis de una película en busca de aquellas entendidas como de mayor interés y calidad. Previo al visionado de la misma, podríamos hablarles de conceptos como el guión, fotografía, ritmo, recursos, etc., para después de haber visto la película, poder analizarla desde un punto de vista técnico (por ejemplo, planos y secuencias que se emplean, cómo influye su uso en el contenido que se pretende transmitir, cómo se trabaja la iluminación, entre otros). A partir de ahí, podríamos ya entrar de lleno en la parte del análisis de la transversalidad, complejidad y riqueza de los conceptos y contenidos que maneja el guión, y la plusvalía que supone para una película.



“La televisión no es verdad. La televisión es un parque de atracciones. La televisión es un circo […]. Nosotros nunca os contamos la verdad. Os contaremos lo que queréis oír” (Howard Bale, “Network. Un mundo implacable”). Una vez entrados de lleno en el análisis conceptual, se nos hace evidente el trabajo inicial que podríamos realizar en un aula a partir del visionado de esta película. En una sociedad híper mediatizada, ahora más que nunca —y cada vez con mayor profusión— los adolescentes se enfrentan cada día al bombardeo de estímulos de los grandes medios de comunicación, siendo además uno de los sectores más vulnerables a la manipulación por encontrarse en un momento de desarrollo psicológico donde la personalidad aún se está construyendo, y donde una de sus principales motivaciones es la constante búsqueda de identidad en aquello que consumen. La crítica que la cinta realiza a la televisión es dura, pero no se queda ahí. El director va más allá, ampliando los límites de la responsabilidad hasta empapar al espectador, que al final es quien decide qué contenidos consume y quien acaba otorgándole su veracidad. Por tanto, con los alumnos no sólo podríamos trabajar sobre la manipulación mediática y la cultura del espectáculo desde el emisor, sino también desde la postura de ellos mismos como espectadores pasivos, embobados y atocinados ante lo que la televisión “les eche”.
Pero más allá del fomento de una educación en el valor de la ética y la moralidad frente a la deshumanización de la sociedad por parte de los medios, que contemplan a ésta únicamente como un cúmulo de números y estadísticas, se trataría, sobre todo, de enseñarles la realidad del mundo que les está tocando vivir y sus posibles proyecciones: cómo funciona el mundo corporativo y cómo se manejan los intereses y las influencias para, de alguna forma, contribuir a su preparación para enfrentarse a ello el día de mañana con las mejores armas posibles. Porque en “Network”, nuestros alumnos pueden ver cómo el discurso de ese mesías televisivo se va teatralizando cada vez más, el mensaje primigenio se va difuminando, perdiendo importancia a medida que se expone a su público, y el espectáculo que le rodea y envuelve va absorbiéndolo cada vez más, colocando al show en el centro de miradas y, sobre todo, de interés.
En definitiva, todo lo que suponga una estimulación del pensamiento en los alumnos se debería configurar como centro de interés de todo lo que propongamos en el aula, aunque en este caso de lo que se trate más concretamente sea de desarrollar la curiosidad sobre política, medios, economía y cultura a partir del debate sobre una película. Al hilo de todo esto, y por enriquecer el contexto de la cinta y de la información que le llegue a los estudiantes, podríamos aprovechar para trabajar en el aula, o simplemente repasar, acontecimientos históricos sobre la sociedad norteamericana que ayudaran a comprender cómo se van construyendo las sociedades de consumo dependiendo de sus contextos sociales, económicos y políticos. Incluso podríamos complicarnos aún más y extendernos al territorio de asignaturas como Literatura o Filosofía, con pequeñas lecturas de Baudrillard o Debord sobre las culturas de simulacro y espectáculo, ciertamente complejas pero de alguna manera abordables, al menos, para hacerles llegar a los alumnos un mayor refuerzo sobre los contenidos trabajados en la película.
 

Como con todo, podríamos también proponer su visionado en versión original, por aquello de añadir aún más transversalidad, ahora con el tema del inglés. Pero, salvo que se tratara de alumnos de un colegio verdaderamente bilingüe o, mejor aún, de completa habla inglesa, podríamos caer en la desvirtuación de los contenidos. En varios puntos de la película, los diálogos se vuelven algo complejos, por lo que la idea del visionado en “piloto automático” que permite la versión española, como alguna vez hemos comentado en clase, sería lo más recomendable si nos enfrentamos a un aula con un nivel de inglés no especialmente brillante.
En definitiva, una película con una temática nada obsoleta, que perfectamente podría atrapar a nuestros estudiantes por su rigurosa actualidad, y por supuesto urgencia. Un discurso del año 1976 pero, sin embargo, más relevante que nunca: “No tengo que decirles que las cosas van mal. Todos lo saben. Es una depresión. Todos están sin trabajo o con miedo a perderlo. Un dólar no vale más que cinco centavos. Los bancos se van a la quiebra […]. Por ningún lado la gente parece saber qué hacer y no se ve el final […] ¡Todo lo que sé es que tienen que enfadarse! ¡Tienen que decir: soy un ser humano, maldita sea, mi vida tiene valor!”. Para finalizar, podríamos cerrar este ejercicio con una pregunta a los alumnos: en exactamente cuarenta años desde el estreno de esta película, ¿ha cambiado algo en los hilos de la televisión?


Referencias:

Baudrillard, J. (1978). “Cultura y simulacro” [en línea]. En:
http://www.ugr.es/~filosofiayterapia/MATERIALES/Baudrillard/baudrillard-jean-cultura-y-simulacro.pdf
Debord, G. (1976). “La sociedad del espectáculo”. Edit. Pre-Textos.

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