martes, 9 de febrero de 2016

The Man Who wasn’t there.

Por Raquel Olmeda

Preámbulo

El cine, empleado como fuente de información, permite adentrarse en el estudio de la sociedad, conocer culturas diferentes a la propia, formar visiones en torno a acontecimientos pasados, presentes y futuros, entrar en contacto con valores, ideas, pensamientos, actitudes, normas…
Su capacidad de formar e informar. El estudiante no es consciente de estar siendo educado. Para él, ver cine en clase es una actividad fuera de lo habitual incrementando así su interés y participación.
Su utilización en el aula puede ser de dos maneras:

Como instrumento técnico de trabajo, es decir, que sirva como elemento o punto de partida para conocer diversos modos de acceder a la sociedad y describir la realidad.

Como sustento conceptual, ideológico y cultural, base necesaria para que los alumnos vayan configurando su personalidad.

“El hecho de que algunas historias que llegan a través del cine tengan tanto poder e influencia sobre el público receptor, hace pensar que no se trata solo de un mero entretenimiento, sino que es necesario tenerlo en cuenta como objeto de estudio académico por parte de investigadores y docentes. Es un medio capaz de configurar mentalidades e influir creando paradigmas de actuación, sobre todo en el público infantil, que es el que nos ocupa. Y su importancia radica en que los mensajes contenidos pueden modificar el comportamiento de estos receptores de forma positiva o negativa, ya que ejercen un alto poder de persuasión debido a la escasez de edad del receptor y su falta de madurez personal”. (De la Torre et al, 2005: 37- 53).


La película

Los hermanos Coen vuelven a ofrecer una original película en la que combinan a los clásicos con toques de su particular surrealismo simbólico.
El hombre que nunca estuvo allí narra la historia de Ed Crane, un barbero de Santa Rosa que sabe que su mujer le es infiel con el propietario de unos grandes almacenes para el que ella trabaja. Ante la posibilidad de prosperar y de perjudicar a la vez al amante de su mujer, Crane idea una forma de chantaje que le arrastrará a una oscura situación. Aunque al principio de la historia el protagonista parece tener la esperanza de salir de su monotonía de barbero engañado, la absurdez de su existencia y el propio azar van diluyendo cualquier sentido vital.
Destacar técnicamente el uso de un blanco y negro depurado y sobrio no sólo remite a una época, sino también a un estilo de hacer cine, en el que se recurre acertadamente a la elipsis. Aquí claro ejemplo de cómo los alumnos podrían conocer la estética de la época sino también el cine que se hacía entonces. Los años 40 son la segunda década del cine sonoro. Pero también suponen el nacimiento del cine moderno: por un lado, el cine que medita sobre su identidad y la identidad de los personajes, y la relación entre actor y personaje, un cine que da a la palabra hablada una importancia desconocida en la década anterior. El hombre que nunca estuvo allí es uno de los más completos homenajes de los hermanos Coen al cine negro, casi una carta de amor al género que cuidan hasta el último detalle de una realización que bien podría haberse llevado a cabo hace sesenta años. En esta película están casi todos los elementos característicos del cine noir, tales como un  característico blanco y negro, la narración en off, los detalles de época en vestuario, lugares, coches, el humo de los cigarrillos, el ritmo pausado, personajes amorales, algún estallido de violencia. Referencias históricas, de la época, el alumno reconocerá las características del cine negro, de la sociedad de ese momento, con pinceladas a la música también.
Además de contar con alguna referencia estilística a La noche del cazador, de Charles Laughton, o el tono frío que evoca la película Falso culpable de Hitchcock. Haciendo referencia a estas otras películas se sucede el acto del aprendizaje sin dar cuenta de ello.
Escuchamos su monólogo interior exento de angustia, culpa, miedo o arrepentimiento. Ed Crane relata, a un ritmo pausado y acompañado de las sonatas para piano de Beethoven, su propio drama como si el de un desconocido se tratara. Otro punto donde los alumnos conocerían la música de Beethoven.
Los hermanos Coen califican El hombre que nunca estuvo allí de “drama existencial”, aunque más bien es una simulación de semejante agonía. El hombre que nunca estuvo allí es un hombre sin inquietudes, a quien la incertidumbre le impide percibir su propia condición. Pero su espíritu está tan árido, que la luz que ve al final del túnel es sólo la tenue cortina que separa la ficción de la realidad. El espectador quizá seguirá viviendo, sin darse cuenta de ello, una vida tan mediocre y tan vacía como la de Ed Crane.

"A veces nuestra mirada altera lo que vemos. Desconocemos lo que ha ocurrido en realidad, o que habría ocurrido si no hubiéramos metido nuestras narices en ello. Así que lo ocurrido no existe, nuestra mirada lo cabía todo."
El hombre que nunca estuvo allí (2011)

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